miércoles, 29 de diciembre de 2010

Poema LIII

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A HILARIO CAMACHO, IN MEMORIAM

EN el cálido silencio de la noche
se oye una voz que grita:
¡Taxi!
para huir del país melancolía,
de las horas tristes y los días negros.
Juglar de tiempos oscuros,
arquitecto y diseñador de sueños
infatigable cazador de nubes,
poeta del desencuentro y la nostalgia.
Con tu guitarra al hombro
recorriste ignotos caminos
sin más equipaje que tu vida
y una mochila de notas a tu espalda.
Hoy la ausencia llenamos con tu canto,
sin
Tristeza de amor y Sin decir adiós,
y mientras suena
Una mirada diferente
rescatamos del olvido tu memoria.

De Rituales de identidad
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miércoles, 15 de diciembre de 2010

Poema LII

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ALOPECIA INDECENTE

INGENUO peinas tu calva
con el poco pelo que te queda,
intentas así disimular
el devastador paso de los años.
En la ciudad del cierzo
no es posible tanta altanería,
al torcer una esquina te desfiguras
o un billete vuela de la mano.
Es inútil que intentes recomponer
con obsesión tu ajada estampa,
no te importe ir abandonado al viento,
aparentar aquí resulta imposible.
Aunque no puedas exhibirte
ante el sexo invulnerable
y tu calva sea blanco de palomas,
tanto descaro es hasta obsceno.

Del libro inédito, de próxima aparición
Rituales de identidad
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domingo, 12 de diciembre de 2010

YIN en Tarazona

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El viernes tuve la fortuna de asistir a la presentación de YIN, Poetas aragonesas 1960-2010 en Tarazona. Se trata de una Antología necesaria de mujeres poetas realizada por Ángel Guinda donde aparecen desde poetas olvidadas como Lola Mejías, consagradas como Carmen Serna o Ana María Navales, en ejercicio como Luisa Miñana o Almudena Vidorreta y futuras promesas como Ana Muñoz o Clara Dávila en total 62 poetas que amplían el panorama poético aragonés hacia horizontes desconocidos. Cabe destacar la presencia de Eva Amaral cantante del dúo Amaral y de la editora de Olifante Trinidad Ruiz Marcellán que se estrena como poeta.

En la foto con Milagros Morales y Reyes Guillén.


Enhorabuena a todas.
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martes, 30 de noviembre de 2010

Poema LI

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PALABRAS COMO DARDOS

BAJO el suelo lúcido y firme
una brecha de rancia lava
horada las entrañas de la vida
en una lucha desigual e innoble.
Sobre la costra de mugre y asfalto
sobrevive la maldad de las almas
en el horizonte de un aura azul,
la cegadora luz del océano.
La palabra usada como escudo,
flecha arrojadiza o bálsamo
desvela el valor de los humildes
y otorga poder a los esclavos.
Buscas refugio en soledad
y hallas fuerza en la impotencia
para superar las tristes heridas
y la pérdida del silencio.

Del libro inédito La luz y la ceniza
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jueves, 25 de noviembre de 2010

Ana María Matute Premio Cervantes 2010

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EL MUNDO 24-11-2010

Contadora de historias

por VIRGINIA HERNÁNDEZ

Parece que las abuelas no tienen un lugar demasiado especial en los cuentos a no ser como lobo trasvestido. Sin percatarnos de que su función va más allá. Ellas son las narradoras, las transmisoras de todo ese conocimiento encerrado en historias de castillos o bosques. Las mismas que entusiasman a Ana María Matute (Barcelona, 1925). Porque ¿quién lee los relatos a sus nietos? Con ojos vivarachos, melena muy blanca y porte bien elegante, la autora es la abuela de libro aunque no tenga nietos. Y lo es porque desde que la castigaban en el cuarto oscuro empezó a conocer a los personajes fantásticos que han poblado sus novelas más aplaudidas. Una que no supo (ni quiso) despedir de sí a la niña que fue. Y que no se fía ni un ápice de quien sí lo ha hecho. «Tal vez la infancia es más larga que la vida», dijo la escritora cuando presentó su última obra, 'Paraíso inhabitado' (2008), una novela que, por sus achaques, le costó ocho años ver en las librerías.

La nueva Premio Cervantes, un galardón con el que no contaba a pesar de ser candidata en cada edición («intuición femenina», decía sin resquemor alguno y agradeciendo todos los reconocimientos recibidos en su larga carrera), supo que quería ser escritora antes siquiera de poder descifrar las letras. En su discurso de entrada a la Real Academia de la Lengua ['En el bosque', que leyó el 18 de enero de 1998], Ana María Matute se describía como «una contadora de historias» e invitaba a cruzar el espejo como la Alicia de Carroll («uno de los [cuentos] más mágicos de la historia de la literatura, quizá el que ofrece un mito más maravilloso y espontáneo: el deseo de conocer otro mundo, de ingresar en el reino de la fantasía a través, precisamente, de nosotros mismos»). Su descubrimiento, su otro mundo, eran los bosques que son los libros: «'Cuando yo sea mayor —pensaba— haré esto'. Ni siquiera sabía que 'esto' era participar del mundo imaginario de la literatura. Después, cuando ya había aprendido a descifrar esos signos misteriosos, la primera vez que leí la palabra bosque en un libro de cuentos, supe que siempre me movería dentro de ese ámbito [...]. Jamás había experimentado, ni volvería a experimentar en toda mi vida, una realidad más cercana, más viva y que me revelara la existencia de otras realidades tan vivas y tan cercanas como aquella que me reveló el bosque, el real y el creado por las palabras».

En sus ramas y con una infancia marcada por la guerra, la mala salud, por la fría relación con su madre y por su tartamudez, la niña empezó a crear sus mundos. Tenía cinco años al inventar su primer cuento que también ilustró. A los 17, escribió su primera novela, 'Pequeño teatro' (1954), Premio Planeta, que vendió a la editorial Destino y que no se llegó a publicar hasta que la autora no despuntó por 'Los Abel' (1948). El Nadal, por 'Primera memoria' (1959), hizo popular su nombre mientras estaba casada con el también escritor Eugenio de Goicochea, una relación infeliz que rompió pocos años después. La decisión le costó muy cara: la separación no estaba bien vista y menos si quien la pedía era una mujer. Él se quedó con la custodia de su hijo, Juan Pablo, y ella terminó marchándose como lectora a dos universidades de EEUU. Recuperó al niño tres años después. Su segundo marido, Julio Brocaral, fallecido en 1990, fue su verdadero amor.

'Los hijos muertos' (1959), 'Los soldados lloran de noche' (1964) o 'La torre del vigía' (1971) fueron algunos de los títulos de aquellos años, que concluyeron con una depresión que acalló su pluma demasiado tiempo. Una época que esta optimista declarada («yo soy de las que piensa que la botella está medio llena. Pero soy consciente de que está vacía») prefiere no recordar y que no sólo supo vencer sino que remató con 'Olvidado rey Gudú' (1996), la novela medieval que siempre tuvo en mente y que la aupó en las listas de éxitos. Fue el año, además, de su elección para ocupar el sillón 'K' de la RAE en sustitución de otra mujer, Carmen Conde. «Para mí, escribir no es una profesión, ni una vocación siquiera, sino una forma de ser y de estar, un largo camino de iniciación que no termina nunca», dijo en ese discurso. Por eso promete seguir. Porque esta Alicia prefirió quedarse al otro lado del espejo.

* DECÁLOGO DEL ESCRITOR, SEGÚN MATUTE
* «El escritor nace, no se hace: es una cuestión de ser o no ser»
* «Escribir es también una forma de protesta. Casi todos los escritores comparten el malestar con el mundo»
* «Mientras haya un poeta, la poesía existirá»
* «Maestros, estudios nunca estorban; pero no crean»
* «Escribir es muy difícil, sobre todo hacerlo de forma sencilla»
* «Lo 'políticamente correcto' casi nunca es literario»
* «No hay universidad que enseñe lo que enseña la vida»
* «Escribir es una forma de ser y de estar»
* «Un libro no existe en tanto alguien no lo lea»
* «El día que piense que he escrito algo perfecto, estaré muerta»


viernes, 19 de noviembre de 2010

Poema L

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IMPOTENCIA

Un horizonte de bruma se levanta
tras el corazón herido de la noche,
mientras una luz irisada y triste
se refleja en negras fachadas.
El gélido asfalto del miedo
se eleva tras las miradas
de los ojos perdidos en la nieve,
en pasos cegados de escarcha.
Cómo duele la impotencia,
querer cortar de golpe el alba
sin poder liberar de los cuerpos
la torpe amenaza de las parcas.

Del libro inédito "La luz y la ceniza"
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domingo, 14 de noviembre de 2010

Una imagen nítida de Miguel Hernández

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DIARIO INFORMACIÓN, 13 de octubre de 2010

CARMEN ALEMANY

‘Es hora de tener una imagen nítida de Miguel Hernández, sin apologías de una u otra parte’

Profesora titular de Literatura Latinoamericana de la Universidad de Alicante y directora del Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti, Carmen Alemany destaca a un Hernández polifacético y de gran tesón en su proceso creativo.

ANTONIO JUAN SÁNCHEZ

Quién le iba a decir a Carmen Alemany que, después de iniciar su tesis doctoral sobre Miguel Hernández en 1988, se encontraría 22 años después dirigiendo el Congreso Internacional sobre el poeta, en una etapa para el recuerdo porque en el calendario se cumple el primer centenario del nacimiento del autor de "El rayo que no cesa".
Todavía, pese al testimonio silencioso de los años, recuerda, como si se tratara de ayer mismo, los largos días de estancia en el Archivo-Biblioteca de San José de Elche, analizando y trascribiendo textos y documentos de Miguel Hernández. Ahí empezaba, en 1988, su intensa relación con el poeta que, con algunos altibajos, se ha prolongado hasta hoy, donde la proliferación de actividades y eventos recuerdan que el sábado 30 de este mes de octubre se cumple el centenario del nacimiento del autor de "Nanas de la cebolla". Precisamente, para esas fechas se ha organizado desde el Instituto Juan Gil-Albert la tercera edición del Congreso Internacional Miguel Hernández, que preside la propia Carmen Alemany y que contará con una veintena de especialistas en la obra hernandiana y el objetivo de "lograr una imagen renovada y universal del poeta de Orihuela".

¿Qué ofrece el congreso, cuál es el planteamiento?¿Hay un nexo temático que preocupe o va a haber un repaso por diversos aspectos de la figura y la obra del poeta?

Del 26 al 30 de octubre el congreso viajará por Orihuela, Alicante y Elche; y, en primer lugar, lo que pensamos es que todos los máximos especialistas hernandianos participasen en ese congreso. Después, las líneas o áreas temáticas van a abordar la transcendencia de Miguel Hernández en otros países, centrándonos especialmente en América Latina, porque hablamos la misma lengua y porque sabemos, a ciencia cierta, que Hernández no sólo es un poeta español, sino que en muchos países latinoamericanos lo consideran como un poeta suyo. Ver en qué autores ha influido en otras tierras y de qué manera han asumido ellos el legado poético, teatral, periodístico... También indagar de qué manera las circunstancias históricas influyeron en la figura de Hernández; estudiarlo desde la vertiente didáctica, cuál es su presencia en Internet y explorar algunos aspectos biográficos que, quizás, están sólo esbozados.

¿Qué espera de estas intensas jornadas que mirarán el detalle y la profundidad, las posibilidades de las hipótesis con las realidades del momento?

Yo espero que se consiga una imagen renovada de Miguel Hernández, porque siempre ha estado rodeado por una serie de mitificaciones, para bien o para mal. En algunos casos esas mitificaciones han servido para ensalzar la figura del autor; pero, en otros, ha servido para degradarla. De manera que, pasado ya un siglo desde su nacimiento, creo que es el momento oportuno e idóneo para que tengamos una imagen nítida del escritor; o sea, fuera ya de cualquier apología que se haga sobre el poeta de una parte o de otra. La importancia de Hernández es que supo llevar todo su recorrido y experiencia, tanto antes como durante y después de la Guerra Civil Española, a lo literario, supo elevarlo a la altura literaria, y creo que eso fue realmente excepcional.

Unos 20 nombres propios de la investigación hernandiana, unos 200 asistentes a las propuestas e imagino que también algunas novedades con acento o no de sorpresa colectiva...

Muchas novedades no vamos a tener... siempre y cuando esas novedades tengan que ver con descubrimientos que modifiquen de forma radical la figura del poeta, de eso estoy prácticamente segura. Pueden aparecer más a cartas relacionadas con él, puede aparecer, quizás, algún poema inédito que haya guardado celosamente alguien; pero eso, en cualquier caso, servirá para aumentar la grandeza de Miguel Hernández, pero no para modificar lo que ya está dicho. Yo creo que el principal hallazgo se hizo en el año 1992 cuando se publicó la obra completa con todo el aparato crítico... eso nos dio una imagen muy nueva en el sentido de que uno de los mitos que se crearon sobre Miguel Hernández era que él era un escritor muy intuitivo, que realmente lo era, y que no elaboraba los poemas.

Y eso cambió por completo...

Se pudo ver en su momento, no obstante, y se puede ver actualmente ver a través de la obra completa, que Miguel elaboraba muchísimo los poemas incluso en situaciones muy difíciles como la Guerra Civil Española. Uno puede encontrar los esbozos preparatorios a poemas de "Viento del pueblo" o "El hombre acecha"; o, incluso, en la cárcel, cuando él entregaba a su mujer los versos y los bocetos de algunos poemas y ella, Josefina Manresa, los sacaba con la lechera. La verdad es que, todo eso, nos da una imagen de un poeta que amaba realmente su obra, o sea que él no solamente guardó aquellos poemas definitivos sino todo lo que iba antes de ese poema definitivo, todas las versiones previas. Realmente son muy pocos los poetas que han guardado todo ese proceso de creación.

¿Y a todo ello le encuentra algún sentido?

Sí, yo creo que es que él era muy celoso de su propia obra. Y como llegar al poema definitivo le costaba tanto, en el buen sentido de la palabra y en el buen sentido de la frase, tenía que elaborar y tensionar el lenguaje al máximo. Él consideraba el poema definitivo no como el resultado de su obra, sino que todo era obra también, no sólo esa versión definitiva.

Así, pues, ¿será un congreso único, por lo que trae y por todo lo que lleva en su interior?

Va a ser una experiencia irrepetible, aunque en toda España se están organizando eventos en distintos ámbitos de la sociedad. Creo que en este 2010 se está aglutinando todo lo que durante algunos años ha quedado prácticamente paralizado y está resurgiendo. Casi siempre necesitamos un momento especial para que la máquina vuelva a funcionar, y el centenario nos lo ha dado.

¿Para usted qué significa estar al frente de este proyecto?

Para mí es importantísimo por un ciclo de vida, porque yo empecé con la tesis doctoral en 1988 y la presenté en el año 1992; fueron cuatro años de muchísima intensidad porque tenía que transcribir todos los manuscritos de Miguel Hernández. Después, aunque nunca he abandona la figura del poeta de Orihuela, la investigación ha quedado aletargada en algunos momentos porque, en realidad, me dedico profesionalmente a la literatura latinoamericana... si bien siempre he intentado relacionar, en estos últimos años, la figura de Hernández con otros poetas latinoamericanos. Que ahora sea la presidenta de un congreso internacional 20 años después de aquella primera ocasión, la verdad es que me llena de orgullo.

¿Y entre tanto llegan los días de protagonismo para el congreso, ha tenido tiempo para mirar cara a cara a Miguel Hernández y reconocer qué ha significado para usted su obra y, también por qué no, su vida?

No soy muy mitómana, de entrada. Y, sobre todo, cuando me acerco a la literatura, no sólo a Miguel Hernández sino a cualquier autor que haya abordado, la verdad es que intento ser lo más objetiva posible. A mí me gusta entrar en el texto, no tanto en la vida del escritor, aunque uno tiene que tener en cuenta ese contexto, por qué escribió esa obra, por qué esos temas son recurrentes... Lo que más me impresionó de Hernández fue, sobre todo, la manera con que él fue labrando los poemas. Soy repetitiva, lo sé; pero creo que es fundamental. Ver a este hombre con la poca formación intelectual que tenía, ver de que manera él va castigándose para intentar hacer lo que están haciendo los poetas del 27 y ver como él sale airoso de todo eso.

Entonces, ¿qué es lo que más le gusta de él?

Sobre todo, lo que me gusta de Hernández era el tesón en lo poético, ver de qué manera él se iba poniendo metas y cómo las iba resolviendo.Metas que para él eran muy difíciles, sobre todo porque tenía una formación muy básica; cómo él va resolviendo todos esos enigmas que él mismo se va planteando: podré llegar a escribir octavas perfectas como escribían los del 27, lo consiguió; podré escribir sonetos que tengan la frescura de los clásicos, lo consiguió; podré escribir poemas para reflejar lo que estoy viviendo en el campo de batalla y lo que están viviendo todos mis compañeros, y lo consigue en "Viento del pueblo" y en "El hombre acecha"; podré reflejar toda la angustia y al mismo tiempo hablar de esperanza en las cárceles que estoy viviendo, y lo consiguióÉ Eso es lo que me impresiona, el tesón poético que tuvo durante el poco tiempo de escritura en el que vivió, y cómo se iba superando así mismo.

¿Hablamos de que queda algo aún por descubrir e investigar?

Su proceso de creación. Yo creo que esa es una parte de la que se puede sacar muchísimo y creo que, poco a poco, algunos estudiosos están recurriendo a ello. Si uno se acoge a todo lo que iba anteriormente del poema definitivo, a cómo iba elaborando ese poema, se puede entender muchísimo mejor cómo creaba Hernández y cómo se hacía poeta.

Y su legado, al final, se ha quedado en Elche...

Creo que el legado debía quedarse en Elche por una razón: porque su mujer, Josefina, lo dejó allí. Los tiempos cambian, las situaciones también cambian... yo todo eso lo comprendo y es posible que haya otros sitios quizás mejores que la Biblioteca Central de Elche, pero Josefina lo depositó allí y, por lo tanto, por su memoria, debía de quedarse allí. De cualquier forma, en todo momento, debemos de tener en cuenta todos que, se haga lo que se haga, no debe perderse la universalidad del escritor.

¿Cuál ha sido, para usted, el papel de Josefina Manresa?

A mí me impresionó mucho el libro que ella publicó con sus testimonios. Creo que ella nunca renunció a sus principios, y esa es la grandeza de Josefina Manresa, a pesar de todo lo que pasó siempre se mantuvo como era. Fue una mujer muy firme en sus principios, muy celosa también de todo lo que rodeaba a la figura de Miguel Hernández, porque no olvidemos que se estaban viviendo tiempos muy malos y tiempos en los que el poeta estaba prohibido. De manera que ella tuvo que pasar muchísimo para llegar, de alguna manera también, a mitificar a su marido y conservar todo aquello que él le dio. La veo, sin dudarlo, como una mujer con muchísima grandeza.

¿Se ha tratado en su justa medidad a Miguel Hernández?

No es lo mismo hablar de Hernández en los años 50 que hacerlo en los 80 ó hacerlo en el siglo XXI. La perspectiva del tiempo siempre es muy sabia y eso se refleja en la investigación. Es el momento para que nosotros podamos analizar la obra hernandiana con esa perspectiva temporal, y observar esa obra, y reivindicar esa obra, pero no sólo reivindicar la figura de Hernández sino, también, la relación que tuvo con otros intelectuales, y verlo, del mismo modo, en su época.

¿Para qué va a servir este año del Centenario ?

Para resituar al escritor. Lo importante es que siendo su lenguaje tan universal pueda llegar a todas las clases sociales, porque lo que hay en su obra es mucho sentimiento... y la manera de expresar ese sentimiento es tan directa que uno cuando lee la obra hernandiana se identifica con ella.
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lunes, 8 de noviembre de 2010

Poema XLIX

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INCERTIDUMBRE

Me contemplo en los ojos del espejo,
naufrago entre los párpados
con peces que vuelan sobre el caos
y muero en mitad de la tormenta.
Desgarro la cortina del tiempo
y el cierzo azota mi mañana
con descomunales brazos
en lóbrego y poderoso llanto.
Recorro calles imposibles
por el lento camino de las náyades,
vocean los perros mi nombre
y la noche se vuelve negra.
Hay sombras en todos los rincones,
escombros que revientan pasos
y manos que oprimen vísceras
en el pálido tránsito de la llama.
Hoy he dormido despierto
en un lecho de incertidumbre,
cubierto con sábanas de plomo
y un dolor de hielo en las entrañas.

Del libro inédito "La luz y la ceniza"
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jueves, 4 de noviembre de 2010

La vigilia de un poeta

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ABC, 11 de octubre de 2010

La vigilia de un poeta

ANDRÉS SÁNCHEZ ROBAYNA

La concesión del premio Nacional de Poesía a José María Millares Sall es una noticia que debe alegrar ante todo a los lectores de poesía y a quienes siguen con interés el desarrollo de la lírica contemporánea. Es una noticia que, por cierto, debería hacer meditar un poco a quienes creen que escribir en Canarias, o desde Canarias, es sufrir la condena del olvido por parte de la «metrópoli», a la que algunos acusan de practicar una severa e injusta preterición de la realidad literaria insular. Este premio, si algo demuestra, es que un poeta que hace su trabajo con una clara conciencia del alcance de su aventura, y de los riesgos y problemas que esa aventura comporta, acaba por encontrar lectores atentos. José María Millares no practicó nunca, en este sentido, ningún victimismo. Además de su obra —una obra amplia, diversa, puesta al día en un complejo arco de gustos e intereses creadores—, ha sido esta una actitud intelectual y moral que debemos agradecerle, y que es sin duda un ejemplo para las nuevas generaciones surgidas en las Islas.
Desde los tiempos de Liverpool y de Ronda de luces(dos libros casi antitéticos), publicados en los duros días de la posguerra, hasta sus publicaciones más recientes, José María Millares supo ser fiel a sí mismo sin dejar de concebir la escritura poética como un ámbito de indagación y de búsqueda. De ahí los distintos «lenguajes», a veces aparentemente inconciliables o contradictorios, que cabe advertir en su producción poética a partir de los años setenta. Regresaba él entonces a la poesía después de un largo silencio público. Lo hizo con coraje, en medio de la incomprensión y el silencio de muchos, como suele ocurrirles a quienes se entregan a la escritura poética, definida por la dificultad de su empresa y por su público minoritario. Me hace feliz, por ello, ver que la obra de José María Millares obtiene un reconocimiento que no por tardío es menos justo y satisfactorio.
Me tocó trabajar muy cerca de José María Millares en los tiempos en que se reimprimió la serie Planas de Poesía, cuya edición facsimilar estuvo a mi cuidado. Supe entonces de su bondad y de su generosidad. Me solía enviar copia de algunos de sus manuscritos. Recuerdo ahora, entre otros títulos, un cuaderno de haikus remitido en la Navidad de 2002, o el original de Rostros (Escritura gestual), que recibí en fechas cercanas. Él y mi padre habían sido amigos en su juventud, y ambos recordaban con nostalgia aquellos años cuarenta más bien poco memorables
José María Millares escribió toda su obra en una vigilia creadora que merece el mejor reconocimiento y nuestra honda gratitud como lectores. José María Millares o la vigilia. José María Millares o la fe irrenunciable en la palabra poética.
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domingo, 31 de octubre de 2010

HALLOBLOGWEEN: LA CAPA

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Mi amiga Teresa Cameselle nos ha hecho la propuesta de publicar un relato de miedo para estos días. Aquí tenéis el mío, es una historia que seguramente muchos habéis oído contar, en su blog podéis encontrar más:
http://teresacameselle.blogspot.com/2010/10/comienza-el-halloblogween.html

La noche era cerrada. Llevaba un buen rato caminando a campo abierto cuando divisó a lo lejos, en contraste con el negro cielo, la sombra aún más negra de la tapia del cementerio. El viento huracanado casi no le dejaba avanzar, lo que en esa tenebrosa noche hubiera hecho retroceder a cualquiera y olvidar su disparatada misión. Sin embargo, para Juan lo más importante era hacer valer su hombría. Como estaba ebrio hasta las cejas, aquello le envalentonó aún más y se dirigió con paso firme hacia la puerta con la sola idea de llevar a cabo la apuesta realizada con sus amigos de partida.

―¡Las veinte en bastos! —dijo uno de ellos dando un golpe en la mesa—.
―¡Las cuarenta! —replicó un segundo con un golpe más fuerte y aire retador—.
―¡No habéis tenido potra ni nada, así gana cualquiera! —respondió un tercero que no había tenido tanta suerte—.

Como cada fin de semana jugaban y bebían sin parar hasta altas horas de la madrugada. Un día al más perspicaz de todos se le ocurrió una espeluznante idea:

―¿Cuál de vosotros sería capaz de ir solo al cementerio en la noche de las ánimas? —les dijo mirándoles a los ojos con aire retador—.

Se miraron entre sí con el miedo marcado en sus rostros, aún no contaban con suficiente alcohol en el cuerpo como para acometer semejante locura, pero Juan, el más bravucón, se puso en pie y vociferó:

―¿Y qué saldría ganando?
―Pues aparte de demostrarnos tu valor, veinte mil pesetas del ala —le explicó con voz retadora el autor de la apuesta—.
―Entonces yo soy vuestro hombre; pero si voy solo ¿cómo podré demostrarlo? —preguntó con un deje de duda en su voz—.
―Debes incrustar un clavo grande en la puerta y así sabremos que has estado allí —le contestó de nuevo el interpelado— ¿qué pasa, que tienes miedo?
―¿Miedo yo? —replicó en un tono más bravucón que antes, después de apurar su copa— ya veréis quién es aquí el más valiente.

Ahora, sin más compañía que su soledad, sin tener que demostrar su temeridad ante nadie, entre el silencio, el frío y la negrura, al verse frente al portón sintió miedo, pero ya no podía volverse atrás. No tenía más remedio que cumplir y regresar al pueblo cuanto antes para referir a sus amigos el final de su empresa. Sacó de una bolsa un enorme clavo y un martillo y golpeó sobre él una y otra vez casi a tientas. Los golpes resonaron en la noche como un trueno, como si vinieran del más allá, como si no fueran de este mundo. Temblando volvió a guardar el martillo en su bolsa y al darse la vuelta para emprender la marcha notó que alguien lo agarraba con fuerza por la capa. Trató de deshacerse como pudo de aquellas manos invisibles que lo atenazaban y al ver que no se podía soltar, preso del pánico, deshizo la lazada, soltó la capa y echó a correr por el campo como alma que lleva el diablo.
Con la cara desencajada llegó ante sus amigos y les contó entre jadeos lo sucedido; pero ninguno dio crédito a semejante historia.

―Lo que pasa es que estás muerto de miedo. Seguro que te has vuelto a mitad de camino y nos quieres colar una patraña —le contestaron con aire burlón y desenfadado—.
―¡Nada de eso! y ya puedes darme mis veinte mil pelas, ―respondió con voz entrecortada― creo que me las he ganado.
―¡No señor!, la única forma de comprobar lo que cuentas es viendo si el clavo está en su sitio, hasta entonces no verás un duro —le replicó el de la apuesta con tono de superioridad—.

Quedaron todos en verse a la mañana siguiente para ir juntos al camposanto a comprobar la consecución de la hazaña. No pudo dormir en toda la noche, pues cuando empezaba a coger el sueño le atormentaban un montón de pesadillas en las que se veía atrapado por crueles fantasmas, que le hacían despertarse envuelto en sudor. A la mañana siguiente se levantó temprano para adelantarse a sus compañeros y descubrir antes que nadie lo sucedido y al mirarse al espejo descubrió con horror que su pelo se había vuelto totalmente blanco.
Sin dejar de pensar en todo lo sucedido se dirigió al cementerio y al llegar allí, una mueca sarcástica pobló su rostro al contemplar clavada en la puerta, ondeando al viento, su capa; la misma que esa noche creyó abandonar en manos del más terrible de los fantasmas.
Cuando llegaron sus amigos sonó un coro de malévolas carcajadas, aunque no sabían muy bien de qué se reían más, si del pelo blanco de Juan y la estúpida mueca dibujada en su cara o de ver la capa mecida por el viento.
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miércoles, 27 de octubre de 2010

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EL ESPECTADOR, 3 de septiembre de 2010

Acerca de los ‘escritores tardíos’

Por: elmagazin | Hernán Torres Iregui*

El maestro Azorín fue el culpable de que yo hubiera incurrido en la osadía de escribir en una hoja de papel aquellos sucesos que inquietaban mi alma, y principalmente los que han acontecido en mi propia vida. La insólita audacia me sobrevino de repente cuando, leyendo Las obras selectas del ilustre alicantino, me encontré con esta caritativa sentencia: “(…)de escribirla con sencillez, ingenio y honestidad, hasta la vida de un simple mecánico puede ser una historia interesante.”
Pero debo confesar que me intimidó tener que aprender tantas cosas antes de producir un relato leíble, y poco faltó para que desistiera de mi osadía cuando algún enemigo de mi ego puso ante mis ojos una contundente frase de Monsivais (el de la bandera del arco iris), quien ante la pregunta del periodista que lo entrevistaba respondió: “lo más difícil para escribir es tener talento”. La súbita ráfaga de cobardía que encendió mi cara se originó en la inevitable realidad de mi larga edad, pues recordé el sabio aforismo: “loro viejo no aprende a hablar”, el cual me pronosticaba, en el mejor de los casos un diagnóstico peyorativo de “escritor tardío” y, en el peor, de “escritor póstumo.” Pero el complejo acaba de agravarse al repasar la biografía de Saramago, que vuelvo a leer mientras su cuerpo –ahora sí sumergido en la ceguera definitiva que conduce a la inmortalidad—yace en su catafalco de libros leídos y releídos con una rosa roja sobre su pecho. El admirado y maldecido portugués se gastó más de 40 años para incursionar con paso firme en la literatura, porque conforme a su propia confesión “quizá no tenía nada que decir”. Le sucedió lo mismo que a Raymond Chandler. No obstante, yo no tengo la menor duda de que Saramago, Chandler y muchos otros llamados “escritores tardíos” consiguieron enaltecer las letras universales gracias a las cualidades con que vinieron al mundo. Quizás éste no sea mi caso, por desgracia. Aunque –como fotógrafo aficionado—considero que en el otoño se captan mejor los paisajes.
Es evidente que no todos los mecánicos y los cerrajeros (incluido Saramago), lograrán por mucho que se esfuercen ser exaltados con el premio Nobel de Literatura, o aunque sea, ser llamados “buenos escritores”. Como tampoco los médicos comunes conseguirán ser nominados al Nobel de Medicina. ¿Será que tienen razón quienes aseguran que un buen escritor, como un buen médico, nace y no se hace? Que por más que se esfuerce, el que no es predestinado o poseedor de ese toque divino nunca llegará a sobresalir en el oficio. Este jactancioso concepto, que brota usualmente de labios bendecidos por la fama, se asemeja peligrosamente al de algún artista pictórico que no dudaba en promulgar que su arte era la singular expresión de los seres elegidos por Dios.
Pero analicemos más democrática o, si se quiere, más caritativamente el fondo del asunto. Primero, rebusquemos un común denominador en los rasgos genotípicos de los escritores. Es sabido que la sensibilidad y la capacidad de expresar emociones son cualidades transmitidas mediante genes que viajan a bordo del cromosoma X. Sensaciones y emociones que se procesan con mayor fuerza en el hemisferio cerebral no dominante. Lo que por simple lógica significaría que tales cualidades –sobresalientes en los buenos escritores– se reciben a través de la herencia materna y quizás podrían encontrarse con mayor frecuencia en la mujer, que ostenta la pareja cromosómica XX, y que, además, implicaría una mayor agilidad en las conexiones neuronales que llevan las sensaciones desde la corteza cerebral hasta el sistema límbico, exactamente hasta las amígdalas cerebrales. Esa pareja de almendras misteriosas en donde se elaboran las emociones. No es suficiente que la corteza perciba las sensaciones. Para convertirlas en vivencias tienen que ser trasportadas a través de un enmarañado circuito y depositadas en el mesencéfalo. Pero comprender este proceso neurofisiológico no alcanza a definir a un buen escritor, pues éste no solamente debe poseer esa sensibilidad exquisita y ser capaz de trasladar el estremecimiento de sus sentidos al mesencéfalo, sino que –por añadidura y muy especialmente– ha de lograr que sus lectores, a través de los ojos y la fantasía, se contagien de su obra y desencadenen un proceso aún más complejo que los hará sufrir, gozar, llorar, palpitar, desear, odiar, o simplemente, asombrarse con la belleza del lenguaje o la precisión y contundencia de los vocablos.
Sin embargo, esta realidad por si sola aún no es suficiente. Se necesita todavía algo más para ser buen escritor. La sinestesia. Aquella capacidad de mezclar sensaciones y emociones en una forma tan maravillosa que para los seres que caminamos pisando el suelo resulta casi imposible de comprender. Ellos (los buenos escritores) deben poseer la capacidad de saborear los colores, de oler los sonidos, de palpar los pensamientos… Aquí radica el origen de la expresión poética, y ahí mismo se esconde el diccionario del lenguaje metafórico. Es una forma de daltonismo. Pobres de nosotros que vemos el verde verde y el rojo rojo, pero que tenemos que hacer un gran esfuerzo mental para traducir lo verde como esperanza y lo rojo como pasión; o, a un niño como el futuro y a un viejo como el recuerdo.
Todo lo anterior refuerza la hipótesis del escritor nato. Esos poetas y novelistas precoces que produjeron obras famosas apenas pasada su adolescencia, como los poetas Rimbaud y Neruda, o como Vargas Llosa que escribió su primera novela (La ciudad y los perros) a los 22 años. O como la Yourcenar que escribió su primera Memorias de Adriano entre los 20 y los 25, aunque después, arrepentida, dijo: “hay libros que uno no debe atreverse a escribir sino después de los 40”. Pero así mismo existen muchos otros que nacen con la vocación literaria y no la expresan hasta encontrar el justo momento en su vida, hasta que las circunstancias los obligan, o hasta que no pueden resistir por más tiempo los sentimientos que bullen en su interior amenazando con destruirlos si no los expresan. En fin, hasta que sienten necesario “cuestionar, con inventiva, la realidad establecida”.
Volviendo a mi caso personal, no encuentro en mí nada de lo anterior. Tal vez, sólo un exceso de excitabilidad en esas que bauticé “almendras emocionales”, como les sucede a todos los viejos que añoran sus recuerdos borrosos y lloran por todo. Así que tendré que hacerme a la idea de que si quiero escribir algo, habré de hacerlo conformándome con aceptar que sea sólo un ejercicio póstumo de autosatisfacción.

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Colaborador. Médico jubilado que se resiste a ser atropellado por el ocio y la soledad.
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domingo, 24 de octubre de 2010

RELOJ DE ARENA

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ATRAVIESA la calle
con el semáforo del tiempo en ámbar
y el alma sembrada de espinas,
esquirlas de viento en la piel.
Escucha las horas del eco
en un desierto de flores,
mientras una nube negra
amenaza la calma.
De nada sirven las excusas
ante la pasión de la noche.
La cicatriz de otras luchas
delata la pátina del aliento.
Ahora le atormenta sólo esa flecha
en el reloj de arena
donde espera regrese la cordura.

De libro inédito Rituales de identidad
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sábado, 23 de octubre de 2010

EL DESVÁN DE LA MEMORIA

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BUSCAS en el desván de la memoria
las luciérnagas de ojos tristes
que solían acompañar tus noches
y te hacían resucitar en soledad.
Llevas la mano a tus sienes
en un gesto aprendido, mecánico,
vuelves a sentirte ese extraño
que se ahoga en el lago de una lágrima.
El ocaso se apodera de tu mente,
ya no eres aquel náufrago
que frotaba con ardor la lámpara
en un delirio arrebatado y efímero.
Aunque tu vida no es serena
te dejas arrastrar por un momento
al territorio de la pérdida
en un impulso por sobrevivir.

Del libro inédito Rituales de identidad
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viernes, 22 de octubre de 2010

ECLIPSE

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SE dejó mecer por sueños imposibles
entre la pérdida y el engaño,
en un eclipse de sombras.
La mente vuela con alas
de vampiro o pájaro
por oscuros desvanes
del cerebro
en frenética carrera.
Oculta en una nube de quimeras,
la vida es una torpe gaviota
que aletea sin rumbo
a la búsqueda de una playa.
Aparece radiante ante los ojos
pero la escondemos en la ceguera
de los días de bruma
tras una espesa cortina de nada.

De La voz en la memoria
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jueves, 21 de octubre de 2010

El Perro Blanco

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Me acaban de enviar el nº 6 de la revista El Perro Blanco editada por el Colectivo de Librepensadores y Patafísicos "Antístenes" en colaboración con la Editorial Libros del Innombrable de Raúl Herrero, en la que aparecen publicados tres poemas míos que iré dando a conocer en sucesivas entregas, la revista se puede leer en PDF en la web de la editorial.

Gracias amigos.

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lunes, 18 de octubre de 2010

Poema XLVIII

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VUELO DE MARIPOSA

Ese lunar me está volviendo loco,
bajo la blusa se insinúa como un pececillo
revoltoso que se asoma con descaro
al misterioso mar de su escote.
Cómo me gustaría posar mi dedo
sobre su tersa piel por un instante,
o tenerlo goloso entre mis dientes
aunque fuera tan sólo un segundo.
Pero de pronto un golpe de tos
acude por sorpresa a su garganta,
se agitan dulces senos encendidos
y vuela libre cual mariposa
la hasta ahora razón de mi deseo.
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sábado, 16 de octubre de 2010

viernes, 15 de octubre de 2010

La intimidad de la poesía

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EFE, 29 de septiembre de 2010


Ida Vitale afirma que "la poesía es la intimidad que coincide con la intimidad de otros"


Carmen Sigüenza


Madrid (EFE).-


"Mella y criba", que podría interpretarse como selección del desperfecto, es el título del último poemario que la uruguaya Ida Vitale acaba de publicar en España. Una declaración de intenciones del sentir de esta autora, para quien la poesía es "una intimidad que coincide con la intimidad de otros".

Ida Vitale (Montevideo, 1923), que el pasado mes de abril recibió el Premio Internacional Octavio Paz, está estos días en España, donde ha participado en el ciclo "Maestros X Maestros (de la poesía contemporánea)", con motivo del cien aniversario de la Residencia de Estudiantes, con una intervención dedicada al poeta José Angel Valente, bajo el título "Modos de limpiar el aire".

Otro título elocuente que muestra la honda pulsión poética y la riqueza metafórica de esta creadora, que desde 1989 vive en la capital de Texas, Austin (Estados Unidos). En 1973 la dictadura la obligó a dejar su país y desde 1974 a 1989 vivió también en México.

Perteneciente a la llamada generación del 45, donde también se inscribe a Mario Benedetti, Idea Vilariño o Ángel Rama, entre otros muchos autores que tenían a Juan Carlos Onetti como gran referente, Ida Vitale, asegura a Efe que no le interesa nada la poesía llamada "social o política".

"Para mí, compromiso hay, pero ese es el moral. Eso es lo primero y a ese soy fiel eterna. Con la poesía social o comprometida no se ha conseguido el momento más decoroso de la poesía. No lo fue, ni siquiera con Pablo Neruda que fue un gran poeta. La poesía es otra cosa, y, ya digo, requiere una cierta intimidad aunque coincida con la intimidad de los otros", argumenta esta mujer que a sus 87 años sigue estando atenta a la "escucha poética".

Vitale, cuyo nombre siempre está en las quinielas de premios como El Cervantes o el Reina Sofía de Poesía -"siempre estoy en quinielas y no me gusta nada", matiza- ha encerrado en "Mella y criba" toda una armonía vital y poética, una voz siempre muy personal y coherente, por donde pasa la naturaleza en toda su plenitud y detalle: el verano, otoño, los álamos o un homenaje al poeta japonés Mutsuo Takahashi.

"Bajo casias y ceibas y cedrones/entre el ratán y el romerón/en el jardín terrestre/dice el poeta japonés la vía/por la que vamos a otro jardín más alto", escribe Vitale.

Pero también se dan cita los animales, el grillo, el conejo, o el amor por el libro. También ciudades como Nicaragua, Roma, o Padua, entre nocturnos, lunas y un poema llamado "La Sutura", que tiene que ver mucho con el título, con la mella: "Temo ya no saber hacer/lo que no debe verse/aunque irse del mundo/pida dejar algo -como sea- en pago de la ausencia", dice.

"En general -subraya la autora-, es más difícil trasmitir la alegría que el dolor. La alegría se encierra más sobre si misma. El dolor necesita ser primero aceptado y después superado y aunque sea indeseable siempre deja algo entre las manos; y el hecho de escribir es ya calmante y satisfactorio".

Vitale, que confiesa que está leyendo "todo el tiempo", no sabe a estas alturas de su vida cómo puede llegar la necesidad de escribir el primer verso.

"No tengo nada claro como viene ese relámpago, sobre todo el primer verso es mágico, porque los demás vienen arrastrados", precisa esta escritora que comparte su tiempo entre la poesía, la narración, traducciones y sus escritos en prensa.

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lunes, 11 de octubre de 2010

sábado, 2 de octubre de 2010

Una existencia soportable

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EL DIARIO MONTAÑÉS, 7 de septiembre de 2010

Chantal Maillard Poeta y ensayista


«El empeño de la poesía es hacer entre todos la existencia soportable»

«El pensamiento sin sensibilidad está muerto», sostiene la Premio Nacional de Poesía, que clausura los Martes Literarios en La Magdalena

MARTA SAN MIGUEL | SANTANDER.

La fuerza destructora de un instante le valió a Chantal Maillard (Bruselas, 1951) el Premio Nacional de Poesía en 2006 con 'Matar a Platón'. El libro traza con aparente inocencia la confluencia de exactitudes en torno a un trágico momento, y esto acaba revelando la presencia absolutamente cotidiana y familiar de la muerte, de una forma aterradora. Sus obras han seguido cosechando premios, como el Nacional de la Crítica, quizá por esta forma suya de hacer partícipe a todos del pálpito de vivir: «Escribir/para curar/en la carne abierta/ en el dolor de todos/ en esa muerte que mana/ en mí y es la de todos».

A la espera de la publicación de su próximo trabajo, 'Bélgica', «unos cuadernos de viajes que narran cómo adviene la memoria cuando caminamos en las propias huellas», su voz poética clausura a las 19 horas los Martes Literarios, que patrocina EL DIARIO MONTAÑÉS.

-Esta tarde cierra los Martes Literarios, que reúne en masa a cientos de seguidores de la literatura en cada convocatoria, ¿cree que la poesía está hecha para todos los públicos?

-Debería. Que se haya convertido en ciertas épocas y en ciertos lugares (la China imperial, la Francia de los Luises, etc.) en divertimento de la inteligencia para el ocio de una élite no puede hacernos olvidar que ha sido concebida siempre como un canto necesario. Aquello a lo que el poema apunta trasciende las fórmulas particulares en las que lo encerramos. Cuando comprendemos esto, entendemos también la necesidad de proceder con humildad en lo poético.

-Acaban de estrenar la película 'Bright Star', film sobre los últimos años de vida del poeta inglés John Keats, la del poeta y dramaturgo Lope de Vega, y está aún reciente la de Gil de Biedma... ¿Tan fascinantes son los poetas?

-Se les han puesto de moda. La 'cultura' se vende como cualquier otro producto, con una diferencia: que hace parecer más inteligentes a quienes la consumen.

-Su poesía está llena de olores y sonidos, ¿hay algo animal en su sensibilidad?

-Hay algo animal en todos los seres humanos, lo que ocurre es que nos hemos querido olvidar de ello. Hemos considerado superior una facultad puramente instrumental: la mente, y así nos va.

-Publicó el pasado año, al tiempo, 'Hainuwele y otros poemas' y 'La tierra prometida'... En ambos la naturaleza palpita en el papel, pero en su anterior poemario 'Hilos' despoja de toda naturaleza la poesía para analizar todo pensamiento, ¿por qué ese ir y venir?

-Tiene razón, pero no es un ir y venir. 'Hilos' corresponde a una época de duelos que puso a prueba mi capacidad de observación. En los momentos de mayor tensión, la mente suele identificarse con lo que nos ocurre y hace falta poder distanciarse. Tanto 'Huso', libro en prosa que precede a 'Hilos' y le da pie, son una vuelta de tuerca de la conciencia en la observación de la propia mente.

-De 'Hainuwele' dice nunca haberse arrepentido de haberlo escrito, ¿qué relación le une al resto de sus títulos?

-En 'Hainuwele y otros poemas' están todos los textos que he salvado, de los poemarios anteriores a 'Matar a Platón'. La mayor parte de los escritos tiene fecha de caducidad y hay que saber prescindir de ellos sin pesar. Deberíamos considerarnos satisfechos si alguien recuerda un solo verso de entre los que hemos escrito. Y si eso ocurre, ese verso ya no nos pertenecerá.

¿Qué es lo que le da más miedo cuando aborda un verso?

-Nunca me ha dado miedo la escritura.

-¿Y lo que más le hace disfrutar?

-Cuando la voluntad (memoria o imaginación) deja de conducir a la escritura y ésta se traza a sí misma.

-Nació en Bruselas pero a los 13 años vino a vivir a España, ¿este viaje también supuso una migración hacia otra Chantal?

- Supongo que sí; hubo una ruptura difícil. Pronto saldrá editado 'Bélgica', unos cuadernos de retorno que narran los siete viajes que hice con el propósito de averiguar cómo adviene la memoria cuando caminamos en las propias huellas.

-En su obra poética la reflexión y el pensamiento se adueñan de la sensibilidad, ¿es posible hacer comprensible el alma humana?

-El pensamiento sin sensibilidad es pensamiento muerto y la sensibilidad sin pensamiento es sentimentalidad vacía. Solamente si estos dos ingredientes logran equilibrarse y se ponen en movimiento mediante la acción de un tercero puede mostrarse la naturaleza de lo humano.

-Hay una constante en que aparece en la mayor parte de su obra y es la presencia del dolor, ¿los versos supuran heridas o hacen soportable el mundo?

-Hacer que entre todos la existencia sea más soportable, éste es el empeño.

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sábado, 25 de septiembre de 2010

Aparente levedad

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EL PAÍS, 21 de agosto de 2010


Aparente levedad


JOSÉ LUIS BORAU


Los grandes maestros, tanto en literatura como en pintura o en cualquier otro campo artístico, también hacen su daño, no vayan ustedes a creer. En cierto sentido, un daño mayor incluso que el que puedan infligirnos los malos autores. No se lo hacen a sus parroquianos ni a los seguidores con talento, claro está, pero sí a la morralla de los que pretenden imitarles a pies juntillas, sin retranca suficiente para razonar por su cuenta o, simplemente, pasarlo todo a través del imprescindible tamiz de la sinceridad.

Se cumplen ahora ciento cincuenta años de la muerte de Chéjov, quien renovó, como todos sabemos, el arte del relato, y volveremos a leer una y mil veces, ya lo verán, que éste ha de ser por fuerza corto, intangible, acuarelado y, en particular, desprendido de cualquier tentación argumental.

El argumento supone, junto al costumbrismo, algo así como la bicha negra para los partidarios a ultranza del ruso -no para el autor de La cerilla sueca o La dama del perrito, que conste-: un peligro situado al borde de lo aceptable, con grave riesgo de caer en la pura grosería creativa.

Olvidan los tales que, desde que el mundo es mundo, los cuentos han implicado una sucesión de incidentes más o menos maravillosos, ejemplares, dramáticos, divertidos o aterradores. Si alguien abría la boca era, en principio, para dejarnos atónitos con su relato. El hecho de que a finales del XIX un médico tuberculoso irrumpiera en la escena literaria con historias que, con frecuencia, contradecían tales prácticas no ha de llevarnos necesariamente a la conclusión de que hoy en día no quepa volver a contar peripecias inesperadas o aventuras del otro jueves.

Hace muy poco, un libro repasaba los relatos incluidos en las novelas más célebres de nuestro Siglo de Oro, con Cervantes a la cabeza. ¿Debemos considerar que El curioso impertinente es un trabajo superado, obsoleto o, siguiendo la jerga establecida, "autoralmente" incorrecto?

Es cierto que los hermanos listos de Chéjov -Mansfield, Woolf, Cheever, Carver, y hasta, en cierta medida, el propio Joyce o Salinger- se apoyaron en las recetas del célebre galeno para volar luego por su cuenta y riesgo. Pero, con ser mucho el peso de tanto nombre ilustre, no basta para seguir a ciegas las prácticas del maestro. En particular si pensamos que, bien mirado, su aparente levedad no se apoya principalmente, según proponía él, en un proceso incansable de lima y depuración -menos es más, etcétera-, sino también, y sobre todo, en centrar el relato en la situación en que se encuentran los personajes más que en las consecuencias a que ésta pueda dar lugar con su desarrollo.

Frente a cuanto podamos pensar, las circunstancias suelen resultar bastante más amplias, espesas y aun barrocas. La situación engloba un puñado de salidas de las cuales el autor sólo utilizará dos o tres a todo tirar. Mantener abierta la puerta para que el lector escoja, o aventure a su antojo en qué han de acabar la nostalgia, el miedo, los recuerdos turbadores o el estado anímico de un hombre o de una mujer, no presuponen un proceso de destilación sino todo lo contrario: el despliegue de un rico muestrario donde el lector sea libre de elegir a pleno gusto. Conozcamos los anhelos secretos o inciertos de alguien, y lo demás se nos dará por añadidura.

Con todos los respetos para el genio al que con entera justicia homenajeamos ahora, su postura literaria no era tan leve ni sencilla. De lo contrario, Stendhal y su epígono Baroja, campeones de la acción por la acción, quedarían ante nuestros ojos como escritores atropellados. Y no estamos por la labor.

Por otra parte, tampoco hay que darle más vueltas al asunto. El propio Chéjov confesaría a su colega Scheglow: "En los cuentos cortos es mejor decir menos que contar mucho porque... porque... ¡no sé por qué!" (en carta fechada en Moscú el 22 de enero de 1888).

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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Adiós maestro

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Recital de la Ruta del Arte 2000. Homenaje a los poetas del 50.

Tuve la suerte de compartir escenario con José Antonio Labordeta que no tuvo ningún inconveniente en acompañarnos ese día para recitar poemas de su hermano Miguel y al final cantó la Albada. Luego volvió a repetir en 2002 en el Recital Homenaje a la Poesía Aragonesa.

Un recuerdo imborrable. Adiós maestro, hasta siempre.
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domingo, 19 de septiembre de 2010

Ha muerto Labordeta

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Como no tengo palabras, os dejo con las suyas.

Descanse en paz.

CANTO A LA LIBERTAD

Habrá un día en que todos
Al levantar la vista
Veremos una tierra
Que ponga libertad. (bis)

Hermano aquí mi mano
Será tuya mi frente
Y tu gesto de siempre
Caerá sin levantar
Huracanes de miedo
Ante la libertad.

Haremos el camino
En un mismo trazado
Uniendo nuestros hombros
Para así levantar
A aquellos que cayeron
Gritando libertad.

Sonarán las campanas
Desde los campanarios
Y los campos desiertos
Volverán a granar
Unas espigas altas
Dispuestas para el pan.

Para un pan que en los siglos
Nunca fue repartido
Entre todos aquellos
Que hicieron lo posible
Para empujar la historia
Hacia la libertad.

También será posible
Que esa hermosa mañana
Ni tú, ni yo, ni el otro
La lleguemos a ver
Pero habrá que empujarla
Para que pueda ser.

Que sea como un viento
Que arranque los matojos
Surgiendo la verdad
Y limpie los caminos
De siglos de destrozos
Contra la libertad.
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domingo, 12 de septiembre de 2010

Poema XLVII

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Como muy dice mi buen amigo Fernando Sarría en su blog hubo otros 11 de septiembre, yo escribí este poema después del atentado a las torres gemelas que me recordó al magnicidio de Chile que fue una masacre de dimensiones desproporcionadas y que ya casi nadie recuerda. Indefectiblemente, este horror lleva un recuerdo añadido a Pablo Neruda que falleció ese mismo año de pena e impotencia ante el mismo.

11 DE SEPTIEMBRE DEL 73


Veintiocho años después del gran crimen:

el crimen más atroz y sangriento;

pájaros de gris acero golpearon

con fuego al ídolo de pies de barro.

La ciudad se estremeció incrédula,

un alud de pétreas y sombrías miradas

inundó el aire con el pavor de la ausencia

mientras una luz vaporosa

atravesó la mortaja del silencio.

Lloré aquella tarde de septiembre

en la que Allende murió por Chile

y todas las libertades sucumbieron.

Aún se escuchan ira y amargura

donde ayer dominó la prepotencia

aunque no hay castillo inexpugnable

ni abismo en insondable cueva.


Del libro "Rituales de identidad" de próxima aparición

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martes, 7 de septiembre de 2010

El largo aliento de lo breve

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PÚBLICO, 7 de julio de 2010



Martín Gaite y el largo aliento de lo breve



BRAULIO GARCÍA JAÉN. MADRID


"¿Anita, qué hago con el legado de la memoria?", fue, según contó ayer su hermana Ana, una de las últimas preguntas que Carmen Martín Gaite le hizo. "Sólo quedas tú, me decía. Estaba obsesionada porque además sabía que yo no lo podría dejar en ningún sitio escrito, como hacía ella en sus libros", contó Ana Martín Gaite, durante el desayuno de presentación del tercer volumen de las obras completas de la autora de El cuento de nunca acabar.

Un libro que agrupa los géneros menos asociados a la obra de la escritora salmantina, pero que la acompañaron desde sus años de aprendizaje: novela corta, cuentos, poesía y teatro. La mejor prueba de que no sólo "cultivó todos los géneros, sino que lo hizo además sin considerarlos compartimentos estancos", según José Teruel, responsable literario de la edición iniciada por Galaxia Gutemberg hace tres años, que prevé otros cuatro volúmenes. Siete en total.

El 23 de julio se cumplen diez años del fallecimiento de Martín Gaite, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 1988. Sentada a la izquierda de Teruel, Ana Martín Gaite desanimó a los que esperan que de estas obras completas surjan grandes inéditos: "¡Ya se ha publicado todo lo que se tenía que publicar!". Respecto de los que aún así se publican, como El padre de Odilo, un cuento de los años cincuenta incluido en este volumen, Teruel explicó: "Lo inédito se publica en apéndice, porque hay que leerlo de otra forma, y son interesantes sobre todo para los estudiosos".

A través de este volumen, sin embargo, puede reconocerse, condensado, el aliento literario que impregnó toda su obra: "Aquí se ve que lo genuinamente poético no reside en la forma ni en el tema, ni siquiera en el verso, sino en un tratamiento del tiempo que hace caso omiso de su representación como un continum lineal y se concentra en expresar esos momentos reveladores que lo trascienden", dijo Teruel al respecto del estilo de esta integrante de la generación de los cincuenta, autora deNubosidad variable.

Llenar el tiempo

En la narrativa breve, los diálogos dramáticos y la poesía trabajó ese estilo que luego pondría de largo en sus novelas, ensayos e investigaciones históricas. "El campo de referencia de toda su obra fue la experiencia", resumió Teruel. Los tres siguientes volúmenes reúnen sus ensayos.

"Hemos sido una familia muy preocupada por llenar el tiempo. Aunque no siempre lo hemos conseguido", reflexionó Ana Martín Gaite, quien sin embargo subrayó: "Ahora que han pasado diez años, quiero destacar que aunque ella creía que no, llenó su tiempo y llenó el nuestro".

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