viernes, 3 de noviembre de 2017

Finalista Premio Internacional de Poesía Altino 2017


Poema finalista del Premio Internacional de Poesía Altino 2017


SINGLADURA 

HAY navíos que surcan mares
sin recordar su nombre,
y trenes que atraviesan peñas
sin auscultar el eco.
Árboles que se yerguen
sin atender al fruto,
caballos que galopan dunas
sin superar desiertos.
Padres que engendran hijos
sin poder enjugar sus ojos, 
lagartos que transitan páramos
sin conocer el rumbo.
Peces que surcan lagos
sin ver jamás un hombre,
mujeres que se aman
frente a negros espejos.


Remamos entre rocas
con galeras ajenas,
Eolo rasga nuestras velas 
rumbo a Ítaca, 
la bella. 


Demorar nuestro viaje
nos retorna más sabios. 


 ***

NAVIGAZIONE

Ci sono navi che solcano i mari
senza ricordare il loro nome,
e treni che attraversano i picchi
senza auscultarne l'eco.
Alberi che si ergono
senza attendere il frutto,
cavalli che galoppano sulle dune
senza superare i deserti.
Genitori che generano figli
senza poter asciugare i loro occhi,
lucertole che percorrono terreni inculti
senza conoscere la direzione.
I pesci solcano laghi
senza vedere mai un uomo,
donne che si amano 

davanti a scuri specchi.

Remiamo tra le rocce
con galee stranee,
Eolo straccia le nostre vele
verso Itaca, la bella.

Ritardare il nostro viaggio
ci rende più saggi.



Traducción de Angelina Bortoluzzi Zanatta



martes, 24 de octubre de 2017

Poesía para perdidos en octubre


Los miembros de La Casa de Zitas protagonistas de esta nueva edición de Poesía para perdidos en La Bóveda del Albergue el 28 de octubre.

Actuación musical de Aurora Boreal.

viernes, 6 de octubre de 2017

FRAN PICÓN PRESENTA BROTES EN LA BÓVEDA


Foto de María Holguera

PRESENTACIÓN DE BROTES EN LA BÓVEDA  5-10-2017

Hablar de Ricardo Fernández Moyano, es hablar de poesía, en su esencia más íntima y auténtica; es hablar de bondad, de compromiso, de humildad y de saber estar; el amor por el poema, de respeto por el verso, de solidaridad con el poeta.
Brotes, una antología poética, un camino de vida, una senda hacia el compromiso con la literatura, es la historia de un hombre, la historia de un poeta que dignifica el verso, que hace grande una palabra que, a veces, se utiliza concierta frivolidad, que es Poeta.

Su delicadeza de estilo, su conocimiento de la técnica, el respeto por el lenguaje, son características que definen la trayectoria literaria de nuestro poeta, de nuestro amigo, Ricardo.

“Brotes” empieza con una preciosa dedicatoria a su esposa, unas líneas breves pero que lo dicen todo:

“Y llegó el amor.
Cuando ya no esperaba soñarte
te encontré, en un pliegue
olvidado de mi vida,
despertaste en silencio mis sentidos
… y llegó el amor.”

“Brotes” tiene un magnífico prólogo de nuestro querido y entrañable amigo y maestro, Ángel Guinda.

Guinda, nos dice, que la palabra poética tiene su propio peso, su propia densidad, y sitúa a la poesía de Ricardo en la razón barroca y la pasión romántica. Dice el prologuista que en la voz de nuestro poeta aparece el pensamiento, la impresión del entorno y su tiempo y el sentimiento, propio e intimista y el ajeno, a veces brutal. De concentrada brevedad en lo formal, existencialista en el contenido y de estilo sencillo, claro y directo, es la obra de Fernández Moyano, en palabras del propio Guinda.

En definitiva, nos dice el prologuista , una poesía que nos nutre, que nos enriquece y que nos revitaliza.

Brotes es un recorrido por la escritura de Ricardo, que se inicia con dos breves poemas de su poemario inédito de 1985 “En el camino”; en ellos, nuestro poeta reflexiona sobre el tiempo y la memoria, sobre lo que se quiso ser y sobre el olvido.

“volvió a sentir el pálpito
de vivir y morir en el olvido”

De otro libro inédito, “En clave de sol” hay otros dos poemas, que son, si cabe, una poética en sí mismos, una reflexión en torno a la poesía y a la voz del poeta, esa luz sin la que, quizá, sólo habría tinieblas.

“alarga la mano de nuevo,
en un intento
por recoger el fruto del enigma”

En “Tras la huella del tiempo”, Ricardo reflexiona de nuevo sobre el olvido, sobre la memoria, sobre la felicidad del que ignora o del que aprecia el silencio.

“Pero nunca volveréis a aquellos días
en que una ingenua luz de neón
envolvía nuestros sueños
y éramos felices en la ignorancia”

Más tarde, en “Transparencias”, nuestro poeta hace un canto al Carpe diem, aún diría yo más, al Carpe Momentum; nacer, morir, escribir… no importa, lo que importa es vivir, cada instante como si fuera el último.

En ese sentido, nos dice:

“Nacer, morir,
ya nada importa”

Para más tarde exclamar:
“Sólo vivir es importante.”

Y añade:

“Lo raro, lo increíble es vivir”

Para terminar afirmando:

“Vivir es morir en el intento.”

Y rematar con una afirmación que nos resulta muy cercana a todos los que escribimos:

“Escribir es vivir en agonía.”

La antología que hoy les presentamos, continúa con uno de los poemarios más importantes de Ricardo Fernández Moyano, “La voz en la memoria”; la notoriedad de este libro se pone de manifiesto ya en el número de poemas seleccionados para que formen parte de estos “Brotes”.

“La voz en la memoria” es una canto a la vida, a través de algo tan aparentemente complicado como asumir la muerte. La muerte está presente y en una primera lectura puede parecer que el autor se resigna, pero, si leemos entre líneas, si leemos sintiendo los versos, la sensación es de contemplación y serenidad ante algo tan real como la vida misma y es que ésta, como decía Jorge Manrique, es un río que desemboca en el mar que es el morir.

Ricardo nos dice que los días saben a muerte y que, en lo bueno y en lo malo, en lo que nos hace sonreír y en lo que nos hace llorar, siempre está presente el perfume de la vida. Vida y muerte van de la mano, son amigos o enemigos irreconciliables, pero inseparables.

El poeta nos dice:

“Hay muertes que te acercan a la muerte”

y añade:

“Somos hormigas en el caos de la noche”

Y termina con un axioma incontestable:

“Vivir es cuestión de actitudes”

En definitiva, la manera en la que afrontamos la vida es lo realmente importante. La muerte es una certeza en el tiempo y sólo cabe esperarla viviendo intensamente cada instante.

Llegamos, a continuación, a otro de los poemarios importantes y con una impronta especial en la obra de Fernández Moyano, “Rituales de identidad”.

Es éste un poemario de esperanza, de huida del olvido, de abandono de las sombras. Un poemario en el que nos muestra el camino del “Carpe Momentum”, donde se ensalza el amor, la luz, pareciera, a veces, que Ricardo desde su madurez, vuelve a la adolescencia y a sus ilusiones.

Y es que anochece despacio mientras los versos se deslizan entre los dedos, la mayoría de las veces en compañía del silencio, del leve rumor del instante vivido. La vida, nos dice Ricardo, es un caer y tropezar, pero es también despertar en la almohada de su amada, su último salvavidas. Y es que la amada, el amor y sus desamores, el roce de sus pasos da sentido a toda una vida. Es, “Rituales de identidad”, una reflexión sobre el tiempo, sobre las edades tardías o la memoria imprecisa de las saetas de un reloj que nunca detiene el devenir de los días. Quizá, nuestro poeta, o, tal vez, todos los poetas, vivan en el margen; allí donde los silencios gritan lo que las palabras callan y se da forma al poema.

En el año 2015 Ricardo Fernández Moyano, publica “Zarzal”, un poemario en el que en palabras de Alfredo Saldaña, la poesía surge de una experiencia abisal, como desafío del lenguaje ante su propia extinción, de una experiencia plena de valentía hasta profundizar en lo más hondo y desde allí, hacer un a modo de altar de la palabra.

Versos desde ese exilio voluntario, atrapado por la tormenta de la vida o de la soledad, incluso en compañía; con un hambre insaciable de sol e impregnándose de esa hermosa locura que es la piel. Nuestro poeta huye de los besos de Judas, detienen el tiempo en cada instante, y nos dice:
“Los días fluyen impasibles, como si nada hubiese sucedido”.
“Zarzal” es, entre otras muchas cosas, el reconocimiento de nuestras propias contradicciones, para desde ahí, crear la única certeza posible “Vivir” .

Llegamos, tras este maravilloso recorrido por los versos de Ricardo, al último poemario recogido en esta antología y que es además un libro inédito: “Cosmogonía del barro”.

Cosmogonía es el estudio del origen y la evolución del Universo, y lo es del barro, también lo es del origen y evolución del hombre. Es un poemario con ciertos tintes de transgresión, con un lenguaje que incorpora, sin miedo y con acierto, términos que podríamos calificar de modernos, tales como placa base, troyanos, etc. Ricardo proclama que juzgar es lo que nos destruye y que la única guarida cierta es la soledad. Una soledad que es nuestra eterna compañera y con la que descubrimos que nadie conoce lo que nos espera tras la niebla, una niebla que parece difuminarse con los destellos de la ternura.

“Somos carne de cierzo”

Carne de cierzo en un amanecer sin nombre en el que apenas se percibe la delgada línea que separa el amor de la muerte y entretanto la piel como único signo de supervivencia.

En definitiva, apreciado público, la obra poética de Ricardo Fernández Moyano es un océano en el que no debería permitirse no bucear; les invito a sumergirse en el abismo de los versos de un poeta que aúna calidad humana y literaria y que, a nadie dejará indiferente.
Brotes de vida, de esperanza, de magia hecha poema. Y recuerden, todo parecido que encuentren en esta antología, es pura coincidencia … o no. Si quieren descubrirlo les animo a conocer al poeta y, por encima de todo, conocer al hombre.

Gracias.


Fran Picón


viernes, 1 de septiembre de 2017

El Eco de los Libres nº 2


MUERTE SÚBITA

LA muerte viene así,
tan callando, que
en apenas unos segundos
dejas de respirar
y la vida se va en un soplo. 



Abandonas el mundo
con tanta ligereza
que parece mentira
haber sentido el fuego de la sangre.

Mientras entre las manos
creías tener todo el tiempo,
era solo el vaivén
de un reloj detenido
en la estación de los escombros.

Poema de mi autoría recogido en el número dos de la revista literaria El Eco de los Libres de El Ateneo Jaqués.

sábado, 5 de agosto de 2017

Pulsiones en La Casa de Zitas


El 1 de julio tuve el honor de participar con mis poemas en una nueva sesión de Pulsiones en La Casa de Zitas, gracias a la generosidad de Montse Grao y Sagrario Manrique.


Gracias a Juan Carlos Torres por el vídeo, música y montaje fotográfico.


Al finalizar disfrutamos de una cena de fraternidad. Gracias a todos por vuestra asistencia.


sábado, 17 de junio de 2017

Presentación de Brotes por Emilio Pedro Gómez


                              BROTES
                                                                    Zaragoza, 15-junio-2017 

           Ricardo Fernández Moyano es un poeta que sabe esperar a la poesía. Aunque  ya  había obtenido diversos éxitos  en certámenes poéticos, publicó en Albacete  su  primer  libro  de  poemas “Tras la huella  del  tiempo”,  ya cumplidos sus 40 años de edad.  A partir de entonces, ha  ido  desarrollando una   actividad   poética creciente, colaborando en prestigiosas   revistas literarias como Turia o Barcarola, incrementando sus premios de carácter lírico, participando     en     numerosas antologías...     y     aproximando progresivamente las   fechas   de   publicación   de   cada  poemario con   el siguiente.  Tanto  que,  considerando  su producción  en los  últimos  tiempos, bien podría calificarse de un poeta prolífico: tras la publicación de “Zarzal” en la acreditada editorial Amargord en el 2015, nos presentó “Poemas para ellas” en La Bóveda del Albergue hace solo seis  meses. Si a ello sumamos un  libro  inédito “Cosmogonía  del  barro” escrito  en  el  2016  y el  que  ahora aquí  nos convoca  de  nuevo,  podemos  atrevernos  a afirmar, que Ricardo atraviesa la etapa más fructífera de su trayectoria literaria. “Brotes”  representa  un  regalo estupendo para  quien  quiera captar  de un  golpe, de  forma cuidadosamente  destilada,  una pequeña muestra  de  lo que todos estos poemarios contienen. 

        Porque “Brotes”  conforma  una  sintética selección,  una especie  de sustancioso catálogo de los diversos contenidos y variadas  formas poéticas en  las que se adentra la poesía del autor, una antología de poemas breves, algunos  muy breves. El record  lo sustenta  el “soliverso” de la página 30: “Es  larga  la  noche  sin luna”.  Un  único  verso, capaz  de  dejar  más  rescoldo que  otros largos poemas.  Choca  su  brevedad  con  la  larga extensión de  la noche,    la    intensifica.    Un pensamiento    que    delata    una sensación probablemente  colectiva  que,  sin  embargo,  no solemos  advertir... como tantas  percepciones implícitas  en nuestra  vida  que  somos  incapaces de visibilizar, de sacarlas a la luz  y darles  forma. Probablemente este revelar por escrito lo invisible o  lo  que  palpita  desapercibido  en  lo  cotidiano, sea unade las tareas más propias del poeta. 

          Este empeño se manifiesta en otros enclaves del libro. Ricardo sabe fijar su mirada, por ejemplo, en lo que se desvanece sin llamar la atención, no  en el  sol  que  al  fugarse  estalla  en  un vivo cromatismo,    sino en  un hermoso anochecer  de luna, ya en plena madrugada. 

          Por  momentos,  sus  versos  se  aproximan  al dardo  certero hacia el instante,  de  un  buen haiku. En  el  poema “Nocturno  II”, basta  dejar  a un lado dos palabras, para componer, fiel a su estructura silábica, uno de estos poemas clásicos japoneses:

Esa sonrisa 
oculta tras de sí
lumbre callada. 


           Dos  páginas  adelante  nos  encontramos con el  poema titulado “La huella del tiempo” donde basta trasladar el primer verso a la tercera línea para obtener la composición cánonica 5-7-5 de este sugerente haiku:

Ya solo queda
el roce de tus pasos
en mi presencia. 



        Me gusta el poema “Sazón”, su forma de describir una sensación “la llama de  lo  efímero,  el vigor  del  instante”  que  a veces  nos  atraviesa la emoción sin  hacerla  palpable.  Tomar conciencia de  momentos  así  (de  lo extraordinario que habita en lo común)  y dejarlos reflejados en un papel en blanco  con  intensa y  sintética  belleza,  insisto, representa  en  mi opinión, uno de los objetivos primordiales de la buena poesía. 

           Pero, si hay una referencia permanente, que asoma una y otra vez en esta antología,  es  la presencia  imantadora  de  la muerte  y  el desaliento que provoca en  una  vida  no cumplida respecto al sueño  inicial, enfrentada estérilmente a las inalcanzables estrellas del deseo. La pelea  vital conduce “de la nada  al  olvido”,  dice: “han  pasado estos  años/  como  una máquina terrible”, dice, “..frío en  la sangre”... la soledad como única guarida, dice “Hay muertes que... con su caricia anticipada... te acercan a la muerte”, tras unos años,  dice,  de “sobrevivir  al huracán  de  la  existencia...  sólo  hay una certeza:  la  muerte” a la que termina  definiendo  con  una  espléndida  y sorprendente metáfora: “la luz completa”. 

         Como tantos poetas de su generación, dedica algunos de sus versos al perdido  paraíso  de  la infancia.  Todavía  hay un  niño en  el  poeta,  como refleja  un  poema  que,  tal  vez,  sobresale  en originalidad  y  fuerza  lírica, titulado “Nostagia”. 

          Pero sus puntos de fuga primordiales parecen ser la escritura poética y el amor. 

          En  lo  que  se  refiere al  primer  punto  de fuga  del implacable  destino final,  el  quehacer poético, ya  en  la  cita inicial  del  libro  se reclama la aparición regeneradora del poema en unos versos de Eloy Sánchez Rosillo, poeta que representa un paradigma personal y estético para el autor.

          Después aparece esporádicamente a lo largo del libro, una especie de lidia con el brotar del poema que, tal vez, podría condensase en dos versos: “aunque  sus  dudas  sean  más  fuertes que  su  lucha/  no  hay  más luz  que  su voz”. 

            Nos regala un lema “Escribir para vivir”, significativo título de un poema en el que afirma:         

VIVIR es morir en el intento. 
No tengo más remedio que escribir,
dejar regueros de vida en la vida
en esta estéril lucha contra el tiempo...


           Más adelante expresa lo que puede reconfortar esta tarea. Entresaco algunos de sus versos: “Desde el silencio... a veces... una palabra suelta/ una voz o un rumor... ilumina la noche/ y me despierta”.

          Deja muy patente el segundo punto de fuga, la vivencia amorosa, en varias páginas del libro. Sólo “Ella” imagen del amor, pervive ante “el huracán de lo terrible” como “ascua en la ceniza”, dice. 
       En otro poema transita desde este segundo punto de fuga al primero, desde la vivencia amorosa, al de la creación poética:

SONRÍES
y en el labio entreabierto
naufragan mis dudas.
Tus ojos me vuelven 
al calor de mis versos...


            Reserva el penúltimo poema del libro para referirse al amor como último salvavidas: ”el abrazo de tu piel/ único signo de supervivencia”. 

            Pero hay otros motivos de apaciguada esperanza, refugiados dentro del poemario. En el paisaje desolador, vencido por la inercia, se vislumbran horizontes más luminosos.
             Escribe:  “Los días saben a muerte/ pero no te engañes:/ en el sufrimiento como en la ternura/ saborea el perfume de la vida”. 
        Algunos versos alcanzan cierto tono didáctico, para enseñarnos a entreabrir esos resquicios de paisajes aún esperanzadores. Nos invita, por ejemplo, a captar el aura de personas y de cosas:     
         “Algo mágico envuelve la vida... Toda vida, cualquier vida,/ ínfima, esquiva/ guarda dentro/ un halo inmenso de aurora...”

            Nos incita a implicarnos, a aprender a ponernos en el lugar de lo otro, a percibir lo que subyace porque, incluso en un cuerpo enfermo, nos dice con acerada imagen poética, “en luz sumergida duermen diáfanos silencios”. E insiste después:

NADIE es ajeno a los placeres
callados de la noche.
Es necesario saber escuchar
con calma, las voces sin voz,
su caricia amputada.
Aunque el sonido
atropelle los ecos de la calle.

               No deja de haber rayos de optimismo y confianza vital en esta páginas, como nos muestra este poema titulado “Pálpito” tan breve como intenso:

HAY un poema en cada verso, 
una mancha de luz 
en la mirada más infame.


              Ricardo escribe con valentía, se arriesga sin miedo al uso esporádico de palabras técnica o supuestamente prosaicas (como “nevus”, “sipnasis”),o ciertamente poco conocidas como “lábaro”, “plúmula” o “jindama", a titular un poema con una palabra en alemán GEDICHTÈ. 

             En el prólogo, Ángel Guinda centra la poesía de Ricardo dentro de las corrientes históricas entre lo barroco y el romanticismo. Afirma que “Esta antología reúne algunos de los textos más representativos de nuestro autor en cuanto a la forma (de concentrada brevedad), al contenido (existencial) y al estilo (sencillo, claro, directo). ”Quizás convendría matizar algo, respecto a estas últimas palabras, porque “Brotes” integra una rama de poemas, en su parte final especialmente, de carácter más críptico y hermético que la mayoría. Que requieren una lectura más lenta y recreadora. Porque Ricardo, en esta antología, al amparo de estas poesías, parece emprender un cierto desdoble de sí mismo como poeta, transita de la claridad al ocultismo, de la metáfora certera a la imagen más aparentemente temeraria, del pensamiento difícil de cazar a la reflexión irrebatible. 

          En cualquier caso, voy a concluir esta presentación, con uno de sus poemas que podría constituir una atinada síntesis, literaria y vital de su poética (el titulado, precisamente Gedichté, que creo viene a significar poesía):

GEDICHTÈ

DECIR
un pálpito,
un enigma, 
la búsqueda eterna de la luz
en un mundo de sombras.


Emilio Pedro Gómez

viernes, 16 de junio de 2017

Presentación de Brotes. Antología breve 1985-2016 en Zaragoza



Presentación de Emilio Pedro Gómez.

Lectura de poemas: María Otal, Amalia Soro, José Antonio Conde y José Gabarre.

Salón de actos de la FNAC Plaza de España.

15 de junio a las 20 h.

Gracias por tu asistencia.