.Carlos Villarrubia, Juan Carlos Valera, Lola Moreno y Ricardo Fernández.
El sábado todos disfrutamos, como siempre, del encuentro acogedor de Ecocentro surgido de la mente prodigiosa de Carlos Villarrubia. Desde Félix de la Puerta, pasando por Ignacio del Valle, Cybil Durango, Jorge Pineda, Montse Morata, Mari Ángeles Fernández, Santiago Castillo, Marisol Galdón y entre ellos un entreacto a modo de ronda poética (en la foto), todos fuimos desfilando en una cascada creativa, reflexiva y conmovedora.
Una tarde más para no olvidar, para guardar en la mochila de los recuerdos.
Ahora os dejo con un poema/canción escrito por Carlos para el evento.
LA CARICIA EMPRENDEDORA
POEMA/CANCIÓN
AUTOR: Carlos Villarrubia 2009 -letra y música-
EN TONO POP
(La caricia emprendedora)
En tono pop rescato con la fuerza del orígen la caricia emprendedora el amor a lo que evoco. La noche no devora ni un segundo de mi aliento reparados los destrozos ahora vuelo bien contento y a vivir. Disparos que me silban nunca aciertan con el loco en la corte del naufragio no hay más lodo para el lodo.
Nunca pierdo un minuto en discutir.
Con fe o sin fe es tejer-destejer sentirme bien ¿A quién vencer? amar por amar sin medir ni juzgar con mi ensueño a bailar. Paciente o no me daré sin guardar intenso amor por regalar amar por amar sin medir ni juzgar...
Veneno impertinente no hay café que te camufle las sirenas del destierro ya no aceptan mi consuelo. El sol de medianoche ilumina el desaliento en mi arcón no sobra el trigo pero me abro al mar abierto.
La derrota no me rondará en su harén.
Con fe o sin fe tejer-destejer... ...no me asusta avanzar ni tampoco vencer. .
.El sábado 4 de julio tendrá lugar en Madrid un nuevo acto de Carlos Villarrubia que bajo el título "LA CARICIA EMPRENDEDORA". Las rutas del alma nómada. La Bella Dispersión, reunirá a un importante número de artistas, escritores, pintores, músicos, filósofos etc. Estarán Lola Moreno, Santiago Castillo, Montse Morata, José María Fernández, Vanessa Montfort, Ignacio del Valle, Luis Antonio Muñoz, Jorge Pineda, Cybil Durango, Jesús Tablate y yo mismo, además de un largo etcétera que se irán sumando al acto.
Tendrá lugar en Ecocentro, calle Esquilache 4 (metro Ríos Rosas) a las 18'30.
Si os animáis a acudir allí nos veremos. Podéis encontrar más información sobre estos actos en Carlos Villarrubia .
La noche era cerrada. Llevaba un buen rato caminando a campo abierto cuando divisó a lo lejos, en contraste con el negro cielo, la sombra aún más negra de la tapia del cementerio. El viento huracanado casi no le dejaba avanzar lo que unido a lo tenebroso de esa noche tan particular hubiera hecho retroceder a cualquiera y olvidar su disparatada misión, sin embargo, para Juan lo más importante era hacer valer su hombría. Como estaba ebrio hasta las cejas, aquello le hizo envalentonarse y dirigirse con paso firme hacia la puerta con la sola idea de llevar a cabo la apuesta realizada a sus amigos de partida.
―¡Las veinte en bastos!
―¡Las cuarenta!
―¡No habéis tenido potra ni nada, así gana cualquiera!
Como cada fin de semana jugaban y bebían sin parar hasta altas horas de la madrugada. Un día, el más perspicaz de todos tuvo una espeluznante idea:
―¿Cuál de vosotros sería capaz de ir solo al cementerio en la noche de las ánimas?
Se miraron entre sí con ojos de espanto, aún no tenían suficiente alcohol en el cuerpo como para acometer semejante locura, pero Juan que era el más bravucón se puso en pie y vociferó:
―Y ¿qué saldría ganando?
―Pues aparte de demostrarnos tu valor, veinte mil pesetas del ala.
―Entonces yo soy vuestro hombre, pero si voy solo ¿cómo podré demostrarlo?
―Debes clavar un clavo grande en la puerta y así sabremos que has estado allí.
Ahora, sin más compañía que su soledad, sin tener que demostrar su temeridad ante nadie, entre el silencio, el frío y la negrura, al verse frente al portón sintió miedo, pero ya no podía volverse atrás. No tenía más remedio que cumplir y regresar al pueblo cuanto antes para referir a sus amigos el fin de su empresa. Sacó de una bolsa un enorme clavo y un martillo y golpeó una y otra vez casi a tientas su cabeza. Los golpes resonaron en la noche como un trueno, como si vinieran del más allá, como si no fueran de este mundo. Temblando volvió a guardar el martillo en su bolsa y al darse la vuelta para emprender la marcha notó que alguien lo agarraba con fuerza por la capa. Trató de deshacerse como pudo de aquellas manos invisibles que lo atenazaban y al ver que no se podía soltar, preso del pánico, deshizo la lazada, soltó la capa y echó a correr como alma que lleva el diablo.
Con la cara desencajada llegó ante sus amigos y les contó entre jadeos lo sucedido pero ninguno dio crédito a semejante historia.
―Lo que pasa es que estás muerto de miedo. Seguro que te has vuelto a mitad de camino y nos quieres colar una patraña.
―¡Nada de eso! y ya puedes darme mis veinte mil pelas, ―dijo con voz entrecortada― creo que me las he ganado.
―¡No señor!, la única forma de comprobar lo que cuentas es viendo si el clavo está en su sitio, hasta entonces no verás un duro.
A la mañana siguiente se dirigieron todos al cementerio y cual no sería su sorpresa que todos explotaron a una, en una larga y estridente carcajada. Todos menos el pobre Juan que avergonzado no sabía donde esconderse.
Clavada en la puerta, ondeando al viento, se encontraba su capa; la misma que esa noche creyó abandonar en manos de algún fantasma.
SER poeta no es un título, es una pasión incontrolada que se extiende más allá de las fronteras de los cuerpos. Un ansia de vida evocadora, un pálpito, un enigma, la busca eterna de la luz en un mundo de sombras.
Me contemplo en los ojos del espejo, naufrago entre los párpados con peces que vuelan sobre el caos y muero en mitad de la tormenta. Desgarro la cortina del tiempo y el cierzo azota mi mañana con descomunales brazos en lóbrego y poderoso llanto. Recorro calles imposibles por el lento camino de las náyades, vocean los perros mi nombre y la noche se vuelve negra. Hay sombras en todos los rincones, escombros que revientan pasos y manos que oprimen vísceras en el lento tránsito de la llama. Hoy he dormido despierto en un lecho de incertidumbre, cubierto con sábanas de amianto y un dolor de hielo en las entrañas.