lunes, 27 de octubre de 2008

Yo también quiero ser escritor

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VANGUARDIA, septiembre de 2008

Yo también quiero ser escritor

Aunque cada vez disminuye el número de lectores, cientos de personas buscan convertirse en escritores profesionales

Por: Sylvia Georgina Estrada

Cada día son más las personas que deciden ser literatos profesionales y, consecuentemente, cada día se imprimen más obras a pesar de que los niveles de lectura no han experimentado unas cifras equivalentes al incremento del número de autores.
Cientos de nuevos escritores se sientan cada día ante una computadora, o en el peor de los casos ante unas hojas en blanco, y comienzan a escribir un poema, un relato, un cuento o una novela. Son los nuevos autores que se incorporan sin cesar a este grupo que sueña con ver publicadas esas líneas alguna vez y que su nombre sea conocido por los lectores. Sin duda, alguno de estos principiantes en el arte de la escritura conocerá la gloria verdadera y en algún momento del presente siglo hasta podría ser galardonado con el Nobel de Literatura o, tal vez mucho mejor, podría ver su obra convertirse en un best seller y ganar cifras millonarias como J. K. Rowling o Stephen King.
La situación no es nueva, desde que Gutenberg inventara la imprenta, a mediados del siglo 15, y se empezaran a publicar los primeros textos impresos, durante casi 500 años la capacidad de seleccionar, editar y lanzar libros al mercado se limitaba a unos pocos centros de influencia, generalmente de carácter educativo o religioso. Los avances tecnológicos y la producción en serie dieron un giro de 180 grados a la situación hace poco más de 50 años. Ahora son las grandes editoriales las que manejan el panorama y sus ejecutivos los que determinan qué es lo que se publica y lo que debe desecharse.
Y como las editoriales desechan la mayoría de los originales que reciben procedentes de los aspirantes a escritores, los autores luchan contra la adversidad y buscan nuevos caminos para que sus textos vean la luz.
Revistas y editoriales independientes, publicaciones universitarias y de gobierno, premios literarios y la autoedición son el escaparate en que los noveles creadores dan a conocer su material. A esto se le suma la omnipresencia de Internet, que se ha convertido en una opción fundamental para dar a conocer a nuevos autores.
Eduardo de Gortari, Manuel de Jesús Jiménez, Itzcoatl y Yaxkin Melchy son parte de esta red que busca difundir no sólo su obra, también su pasión por las letras a través de publicaciones independientes y blogs.
“Lo bueno de las editoriales independientes es que siempre tienen las puertas abiertas, la gente es excesivamente bondadosa como lo han sido con nosotros, pero tienen limitantes como que es más cara la colocación de libros en librerías y la distribución no es muy amplia, ese es el punto a vencer”, señala de Gortari, un estudiante de la UNAM que pertenece a un colectivo de poetas que da a conocer su obra a través de blogs y redes sociales.
Y parece que este nuevo camino es garantía de difusión, en el blog de este colectivo, reddelospoetassalvajes.blogspot.com, compuesto por 15 jóvenes cuyas edades oscilan entre los 18 y los 23 años, aparecen más de 2 mil visitas.

Originales rechazados y destruidos
Parafraseando a los textos de los libros sagrados, en el mundo editorial actual son muchos los llamados, pero pocos los escogidos. Según los cálculos más aproximados, cerca del 90 por ciento de los originales que se presentan a los comités de lectura de las distintas editoriales son rechazados. La incógnita a despejar es cuántos de esos originales merecerían haber visto la luz y cuántos es mejor que queden guardados para siempre en el cajón de los olvidos.
El escritor español Rafael Reig relataba recientemente en la revista “El Cultural” que cuando presentó su primera novela, “Esa Oscura Gente”, a principios de 1987 a las editoriales españolas más importantes (Tusquets, Anagrama, Seix Barral y Planeta), recibió “cartas amabilísimas” de sus responsables en las que argumentaban el rechazo del original en que éste no encajaba en sus planes “independientemente de su calidad literaria”.
El autor de novelas de notable éxito literario y de ventas como “Sangre a Borbotones” o “Autobiografía de Marilyn Monroe” se pregunta ahora “¿de qué narices dependía entonces (el texto) si no era de la calidad literaria?”.
Afortunadamente, y después de una serie de peripecias, Reig logró publicar aquella novela y abrirse un hueco en el panorama literario.

Las posibilidades de Internet
A pesar del tortuoso camino plagado de rechazos y dificultades, hay autores que no se resignan a ser ignorados y ponen todo su empeño en publicar a cualquier precio. Además de presentar sus originales a editoriales aún a riesgo de ser ignorados, muchos de ellos concurren a convocatorias de premios literarios, algunos de los cuales –según denuncias habituales de escritores y críticos– están amañados previamente y las posibilidades de ganar son casi las mismas que de lograr un premio importante de lotería.
Por otro lado, la explosión de los blogs en Internet ha ayudado a que cualquier persona conectada a la red puede convertirse ahora en emisor de historias. Pero como el blog a veces no es suficiente para difundir los textos, algunos autores buscan alternativas como la autoedición, o la publicación en websites que admiten textos remitidos por vía electrónica.
La autoedición comenzó a implantarse en 1985 con la introducción del software PageMaker de Aldus Corporation y de la impresora de LaserWriter de Apple Computer para la computadora Apple Macintosh. Desde entonces, la tecnología ha evolucionado y el proceso se ha vuelto más sencillo para las personas que quieren distribuir copias de sus escritos al margen de los circuitos comerciales.
Por ejemplo, el buscador “Google Books” asegura que “está haciendo mucho por los pequeños autores que quieren dar a conocer sus obras” en Internet y que ha contribuido a “expandir la existencia de todo tipo de libros en todo el mundo”. Ello se debe a que, gracias a esos avances en la tecnología de la impresión, muchos escritores no necesiten ya llegar a un acuerdo previo con una editorial para publicar un libro de papel con sus tapas correspondientes.
Ahora existen servicios de POD (Print On Demand, Impresión Bajo Demanda) como www.lulu.com, que permiten a cualquier autor imprimir hasta un solo ejemplar con una calidad aceptable y a un precio razonable.
Mediante este sistema, cualquier persona puede darse de alta y enviar a una cuenta su obra sin costo alguno. Y gracias a una serie de herramientas “on line”, el material se puede editar para transformarlo después en un libro como el que vemos en cualquier librería.
La clave de la impresión bajo demanda está en que cuando se adquiere un libro, por ejemplo, el comprador paga un precio que es fijado por el propio autor y que ha de cubrir los gastos de edición y envío del ejemplar, así como la comisión por venta que cobra Lulu. Esa comisión es de un 25 por ciento sobre la cantidad que el autor considera como margen de beneficio por cada libro que es vendido.
Lulu.com inició sus actividades en 2002 y el sitio ya ha sido lanzado en varios países. Según datos propios, publica más de mil 500 títulos semanales, y ha vendido ya más de medio millón de copias por este novedoso sistema de impresión bajo demanda, de un total de 55 mil títulos disponibles en el sitio web.