miércoles, 30 de julio de 2008

Poema III

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TU MIRADA


He aprendido en tus brazos, que la vida
es tropezar mil veces en el vacío,
caer, despertarme cada día
ante el espejo silencioso de tus ojos,
dejarme mecer por el mar
y el arrullo de tus sueños cada noche.

Levanto la cabeza para ver el sol
elevarse sobre el oscuro horizonte
y descubro tu mirada frente a mí
como único y ensoñador paisaje.
Iluminas mis pasos vacilantes
con el fuego espectral de tus pupilas.


Del libro inédito "Rituales de identidad"

domingo, 20 de julio de 2008

La Mar de Letras


LA VERDAD, 17 de julio de 2008

Houllebecq, Claudel, Makine, Ancet y Abécassis participan en La Mar de Letras, que empieza hoy en Cartagena (Murcia).

LA VERDAD

Como cada año, La Mar de Letras, actividad paralela dentro del festival La Mar de Músicas de Cartagena, trae una muestra de la literatura actual, del país invitado, basándose en criterios de pluralidad, esta edición Francia. En La Mar de Letras entre otros autores estarán presentes Michel Houllebecq, autor entre otras obras de Las partículas elementanales, Philippe Claudel, ganador entre otros premios del prestigioso Renaudot, Andréi Makine, de origen ruso pero uno de los grandes de la literatura francesa desde que en 1995 recibiera los premios Goncourt y Médicis por El testamento francés, el editor André Schiffrin o el poeta Jacques Ancet buen conocedor de la literatura española, a él se debe la introducción en Francia de la poesía de Cernuda, Valente, Aleixandre o Gamoneda. Todos ellos junto a otros autores estarán presentes desde hoy hasta el miércoles 23 en Cartagena en La Mar de Letras.

El programa del festival se abre interrogando a los invitados sobre una cuestión que ha preocupado y preocupa en Francia, la supuesta decadencia de su hegemonía cultural. La influencia del idioma francés en el mundo ha decrecido y, con ella, ha caído también la influencia de su pensamiento. ¿A qué se debe este hecho, al parecer constatado por analistas de muy distinto signo? Filósofos como Sidi Mahammed Barkat y el corresponsal del diario El País en Paris, Josep María Martí Font, conversarán sobre esta cuestión desde sus diferentes posiciones teóricas: el feminismo, la clínica del trabajo. El pensamiento y la edición francesa ocuparán sus respectivos espacios que analizarán lo que se ha llamado El legado francés: la importancia de mayo del 68, del que se cumplen 40 años, será el punto de partida para Amador Fernández Savater, director de la revista Archipiélago, que ha dedicado al tema un número monográfico coordinado por él; la antropología y los estudios de género, o la herencia filosófica ocuparán a nuestros otros invitados.

El panorama de la concentración editorial y sus problemáticas, así como una mirada sobre cuál es el reflejo que nuestra propia literatura adquiere en el país vecino serán asunto de otro de nuestros debates. El primero a cargo de dos expertos en edición: André Schiffrin y Enrique Murillo, actual director editorial de la recién creada Libros del Lince; el segundo de la mano de Néstor Ponce, escritor y profesor argentino residente en Francia.

La poesía también será protagonista de La Mar de Letras y para ello se ha contribuido a la edición de una Antología de poesía actual (Camelot), coordinada por Lionel Ray, que será presentada por dos de los poetas seleccionados: la joven Linda María Baros y Jean Portante. Junto a ellos, otra mesa con uno de los poetas más consagrados de las letras francesas Jacques Ancet.

En un festival internacional de literatura la traducción no puede dejar de estar presente. La organización de La Mar de Letras considera que la edición española descuida sobremanera esta parte tan sustantiva de los textos, los escritores en otra lengua difícilmente tienen un solo traductor que siga su evolución y se haga con su lenguaje para volcarlo fielmente a nuestra propia lengua, cosa que ocurre precisamente en el país invitado con los escritores que se expresan en un idioma distinto del francés. Los problemas que rodean esta difícil tarea serán abordados por dos traductores de poesía y prosa.

No podía faltar en nuestro programa un homenaje al OuLIPO: el taller que dirige Marcel Bénabou, Secretario definitivamente provisional del grupo creado por Georges Perec, que adentrará a los participantes francófonos en las sutilezas de la escritura bajo consigna. Juegos creativos que, al limitar la palabra en base a propuestas concretas, exploran sus fronteras hasta extraer de ella toda su riqueza.

Poesía y música se aúnan en un espectáculo nocturno frente al mar: Insomnia: encuentro poético franco-español. Lecturas de poemas de poetas franceses y españoles, amenizados por la música de jazz que compuso otro poeta, Boris Vian, en la suave voz de Catherine Passion.

Y a partir de ahí todo serán conversaciones, escritores franceses interrogados, presentados por especialistas que conocen bien una obra que desmenuzarán junto a los participantes en nuestro encuentro literario.

Todos ellos representan distintas formas de abordar la literatura que conviven en el panorama literario francés: desde la novela más clásica o aquella con pinceladas del género policiaco, hasta las innovaciones de Michel Houllebecq, prestando especial atención a la narrativa que surge de la inmigración, escrita por quienes pueden aportar al francés, desde sus lenguas de origen, nuevos registros temáticos y formales, como es el caso de Mohamed Razane o Andreï Makine.

Volveremos a nuestros talleres, donde los lectores se encuentran de forma privilegiada con el autor o la autora de la novela que han leído, en este caso Clandestino, de Éliette Abécassis, o Almas grises, de Philippe Claudel.

Y por último, el Premio de novela La mar de letras, que se le ha concedido a Jean Rolin con su libro de viajes Se reventó el manguito publicado por El Cobre Ediciones. Un jurado compuesto por Rodrigo Fresán, Mathias Enard, Agnés Agboton, Francisco Torres Monreal, Alberto Ruy-Sánchez y Miriam Tey, han seleccionado la VI novela ganadora.

PROGRAMACIÓN

Miércoles 16 julio 2008 - Literatura francesa actual

Viernes 18 julio 2008 - Poesía y traducción

Sábado 19 julio 2008 - Taller OULIPO

Domingo 20 julio 2008 - INSOMNIA, encuentro poético franco-español

Lunes 21 julio 2008 – Conversaciones

Martes 22 julio 2008 – Conversaciones

Miércoles 23 julio 2008 - Tertulia literaria, conversaciones y entrega VI Premio La Mar de Letras


El nombre de la Rosa


LA CRÓNICA, 14 de julio de 2008


“El nombre de la Rosa”, mejor novela histórica del Siglo XX


El curso “El autor y el personaje” puso el broche final con la elección de las diez novelas históricas más importantes del pasado siglo

Con la elección de las diez novelas históricas más importantes entre los ponentes del curso, alumnos matriculados y todos aquellos que han querido acercarse al Centro Asociado de Guadalajara han concluido el curso “El autor y el personaje”.

Para la elección de las diez novelas históricas más importantes se han utilizado diversas fórmulas, cada ponente el día de su conferencia votaba por sus preferidas, los alumnos y participantes votaron y para los que no han podido acercarse existía la modalidad “on line” a través del blog de Antonio Pérez Henares, director del curso, cuyo resultado ha sido:

1. “El nombre de la Rosa” de Umberto Ecco

2. “Yo, Claudio” de Robert Graves

3. “Memorias de Adriano” de Margarita Youcenar

4. “Sinuhé, el egipcio” de Mika Waltari

5. “El último judío” de Noha Gordon

6. “Alatriste” de Arturo Pérez Reverte

7. “Guerra y Paz” de León Tolstoi

8. “El Hereje” de Miguel Delibes

9. “Los Episodios Nacionales” de Benito Pérez León

10. “Los pilares de la tierra” de Ken Follet

Con abundantes votos han quedado detrás en las preferencias de los votantes “El Conde de Montecristo” de Alejandro Dumas; “León, el africano” de Amin Malouf; o “La Illiada” de Homero.


Literatura Negra

PAPEL EN BLANCO, 11 de julio de 2008

Breves apuntes sobre Literatura Negra

Juliana Boersner

A raíz del Encuentro Latinoamericano de Literatura Policial (Elipol) en la Feria Internacional del Libro de Caracas 2007, comencé a tomar algunas notas acerca de las características de la Literatura Negra. Hoy las retomo a raíz de la noticia sobre el nacimiento de Getafe Negro, el Festival de Novela Policíaca de Madrid y de la aproximación de la Semana Negra de Gijón.

A continuación, partiendo de algunas de las principales ideas que surgieron en el debate que presenciamos en octubre del año pasado, espero resumir algunas de las bases fundamentales de este género que tiene tantos adeptos y que, además, ha desarrollado formatos y características regionales también. Es, por supuesto, un listado parcial, tímido si se quiere, que puede (y debe) irse ampliando pero que trata de poner un poco de orden en lo que debemos entender como literatura negra, sus características y orígenes:

1) Literatura negra, ¿una definición imposible? Definir con exactitud la Literatura Negra es muy difícil, y en ello estuvieron de acuerdo todos los autores que participaron en Elipol 2007, entre los cuales se encontraba Juan Madrid. Sus orígenes sí que están más claros, al menos en lo formal-literario, ya que se considera al relato Los crímenes de la Calle Morgue de Edgar Allan Poe como su texto fundacional. Sin embargo, alguien podría hacer la precisión de que no se trata, en Poe, de literatura negra, sino de literatura policial. Esta última, más que un “descubrimiento” europeo es norteamericano y ligado a la literatura pulp. Es fundamental en este sentido, mencionar a Black Mask, por ejemplo, como la serie de publicaciones que, en Estados Unidos dio orígen al género.

2) El surgimiento de la burguesía y de las grandes ciudades: En cuanto a sus condicionantes y antecedentes históricos tenemos que irnos mucho más atrás a la historia del surgimiento de la burguesía y de la aparición de las ciudades. En lo literario filosófico es claro que el gérmen del género está ya en la tragedia griega, pero no es hasta la Revolución Francesa, con la emergencia de la burguesía, las naciones y ciudades y, sobre todo con la aparición de las instituciones del orden como las policías nacionales, que es posible el surgimiento de este tipo de literatura.

3) La Literatura Negra como reflejo de la sociedad: Uno de los puntos más interesantes a mi juicio, y es que este tipo de literatura se relaciona especialmente con la novela social y el realismo. Paralelamente a ella es importante, entonces, el elemento de denuncia y de crítica social. La literatura negra muestra esferas de la realidad que normalmente no aparecen en los periódicos o en los medios, muestra la realidad tal cual es en sus estampas a veces más cruentas: bajos fondos, pobreza, yunkies, droga, prostitución corrupción. Las transgresión del orden, sin embargo, no siempre está en ellos sino que también, y con frecuencia, está en lo que conocemos como delincuentes de cuello blanco, es decir, en las altas esferas de la sociedad. La literatura negra lo que hace, en parte, es mostrar sus contradicciones.

4) El origen del nombre: El orígen del término literatura negra y novela negra proviene de una colección de libros creada en 1945 por Gallimard, bautizada Série Noire por el color de sus portadas. En ella se publicó lo más selecto de la novela de detectives norteamericana: Raymond Chandler, Van McCoy, Chester Himes, Dashiell Hammet, entre otros . Tenía, además, un staff de editores de lujo entre los que estaban Sartre y Camus. En nombre fue propuesto por Jaques Prevert y el diseño original de la colección con tapas negras y una cinta amarilla, fue de la esposa de Marcel Duhamel, Germaine. A pesar de las retoscencias iniciales de la editoral, la propuesta fue todo un éxito.

5) El detective: un personaje borderline por excelencia: uno de los puntos más atractivos de la literatura negra tiene que ver con la personalidad de sus protagonistas. El surgimiento de la figura del detective que tiene en Sherlock Holmes su paradigma inicial ha implantado una impronta dificil de ignorar. Es así como cada escritor tiene su detective: Si Poe tuvo a Holmes, Agata Christie tuvo a Poirot y a Miss Marple. Así como Simenon creó a Maigret, Manuel Vázquez Montalbán dio vida ficcional al entrañable Pepe Carvalho. Sea hombre o mujer, es la centralidad de esta figura que, por lo general se mueve siempre en los bordes fronterizos del orden y la ilegalidad, la que le brinda más interés a la saga de aventuras detectivescas creadas por cada autor.


Kafka


EL MUNDO, 9 de julio de 2008


EL ARCHIVO OCULTO DEL ESCRITOR CHECO


Kafka, a punto de ser descubierto

La muerte de Esther Hoffe abre una esperanza a los estudiosos del checo.


Las autoridades advierten de que los documentos podrían estar en malas condiciones.

El mundo literario podría estar a punto de conocer un gran misterio, el que encierra el enigma del escritor Franz Kafka. Y es que en la planta baja de un húmedo y céntrico piso de Tel Aviv podría estar el archivo inédito del escritor checo de origen judío.

Con la muerte de Esther Hoffe, el año pasado, ha surgido una nueva esperanza para los estudiosos del escritor, pues se cree que varios documentos, postales, bosquejos y objetos personales del autor permanecen en el que fuera el hogar de la ex secretaria del amigo y editor de Kafka, Max Brod, fallecido en 1968.

Según el diario 'The Guardian', al igual que Brod, durante 40 años Hoffe se empeñó en cuidar celosamente las pertenencias de Kafka. Su empeño fue tal que se enfrentó al Gobierno de Israel, que, incluso, le acusó de traficar con los escritos de Kafka fuera del país. Pero tanto las autoridades, como los eruditos, confían en que las herederas de Hoffe, las septuagenarias Ruth y Hava, sean más receptivas y permitan conocer el tan anhelado archivo.

Sin embargo, las autoridades de Tel Aviv han advertido de que los documentos podrían encontrarse en un mal estado, debido a las malas condiciones del piso de Hoffe, y a las hordas de gatos y perros que la mujer tuvo hasta dos años antes de su muerte, cuando una inspección de sanidad tuvo que intervenir después de que los vecinos se quejaran del mal olor.

El tumultuoso camino del archivo

La odisea de los manuscritos de Kafka comenzó en Viena, en 1924, con la muerte del escritor a causa de una tuberculosis. En ese entonces, Max Brod se hizo cargo del legado de su amigo y desafió las órdenes que le dio de quemar toda su obra, haciéndose famoso por publicar parte de ella.

En 1939, una noche antes de que los nazis tomaran Praga, Brod huyó de la ciudad hacia tierras palestinas con las pertenencias del escritor de 'La metamorfosis'. Tiempo después, en 1956, Brod trasladó el archivo a Suiza, durante la crisis del Canal de Suez.

En 1961, a petición de los herederos del escritor, Brod entregó la mayor parte de los manuscritos de Kafka a la biblioteca Bodleian en la Universidad de Oxford, aunque se quedó con el original de 'El proceso', alegando que había sido un regalo de su amigo. Casi 30 años después, Hoffe vendió la novela por 1,23 millones de euros (un millón de libras), en la casa de subastas Sotheby.

Aunque los investigadores quieren hurgar en el contenido del archivo, hay quienes dudan de la existencia del tesoro, debido al supuesto mal uso que Hoffe le dio.

En una ocasión, Hoffe fue arrestada en el aeropuerto Ben-Gurion de Tel Aviv, por traficar con el valioso material histórico. La policía encontró en su equipaje, el diario personal de Kafka y algunas de sus cartas, y aunque permitió a las autoridades revisar sus propiedades, fue acusada de ocultar documentos clave.

Además, en los años 80 la editorial alemana Artemis y Winkler pagó por el diario de Brod, el cual nunca recibió. En 1993, Hoffe informó que lo había transferido a una caja de seguridad en un banco de Tel Aviv. La batalla legal entre la editorial y las herederas aún continúa.

El final de una historia kafkiana

Se cree que Hoffe, quien se convirtió en la amante de Brod después de la muerte de su esposa, guardó celosamente los objetos que éste le heredó para proteger su intimidad.

Ahora que se ha abierto un nuevo capítulo de esta historia, las autoridades de Israel han asegurado que intervendrán para asegurar la protección de una pieza importante del patrimonio judío.

José Cermak, autor de varios libros sobre Kafka, ha dicho que espera que el descubrimiento del archivo pueda aclarar las dudas y debates del mundo literario, en el año que se celebra el 125 aniversario del escritor. "Hay muchos desaciertos o malas interpretaciones que se han escrito sobre Kafka. Con fines académicos, es crucial que sepamos lo que la señora Hoffe nos ha ocultado por tanto tiempo".


Juan José Millás


ECODIARIO, 7 de julio de 2008

Millás cuenta su "tránsito" de escritor experimentalista a novelas policíacas


San Lorenzo de El Escorial (Madrid) (EFE).- Juan José Millás relató hoy a los asistentes a un curso sobre Literatura en el siglo XXI su obligado "tránsito" de escritor experimentalista a autor de novelas policíacas, según las necesidades del momento, y elogió la escritura por encargo al considerar que siempre supone "una prueba de fuego".

Millás, quien inauguró hoy "De promesas a consagrados. Literatura en el siglo XXI", dentro de los cursos de verano organizados por la Universidad Complutense en El Escorial, afirmó que aunque se siente más cercano al registro de la narración, se dio cuenta de que toda buena novela tiene que ser reflexiva.

Contó cómo en sus inicios en la profesión quien no se encontraba dentro del registro del experimentalismo "estaba perdido", una corriente -dijo- directamente relacionada con la necesidad de que aquello que escribías "no se podía entender", lo que le obligó a poner títulos que no se entendiesen como "Cerbero son las sombras" (1975) y "Visión del ahogado" (1977).

Millás, quien subrayó que nunca podría haber sido escritor si antes no hubiera sido lector, relató cómo le influyeron en su infancia las lecturas de los artículos de la Enciclopedia Espasa, así como otro artículo de una revista americana sobre un niño adoptado, "que leí con fiebre", como todos aquellos que le apasionaban, y con el que se identificó completamente "al haber tenido siempre la sensación de que era adoptado".

Esa historia -dijo- "me marcó absolutamente en mi condición primero de lector bastardo y más tarde de escritor bastardo", y puso de manifiesto su entendimiento de la lectura y la escritura como una forma de rebelarse en una época en la que leer "no estaba bien visto".

Para Juan José Millas, leer en las actuales condiciones, "en las que hasta el ministro del Interior está de acuerdo con las virtudes de la lectura me parece terrible", y aseguró que en un mundo en el que todos están de acuerdo con las ventajas de leer "yo me hubiera dedicado al videojuego".

El escritor se congratuló de que, una tarde verano, el fenómeno del experimentalismo muriese y de que, en esa época, un editor le pidiese, por encargo, una novela policíaca, lo que le convirtió de la noche a la mañana "en un experto" del género, y subrayó que la novela que trajo "un nuevo Millás" fue "Papel mojado" (1983), que se convirtió en todo un éxito.

Fue esa obra la que le llevó a "El desorden de tu nombre" (1986), con la que el autor, ganador del Premio Planeta en 2007 con "El mundo", consideró que cambió su destino.

Para Millás, escribir es "una actividad de alto riesgo", porque -dijo- si supiéramos cuándo una novela va a ser un éxito "todos los banqueros serían escritores o editores", aunque se mostró convencido de que los autores de best-seller como Ken Follet "no podrían escribir otra cosa; escriben así porque les sale de dentro".

Ana Gavín, editora y directora del curso, señaló a Efe que el curso ha tenido muy buena acogida "especialmente entre la gente joven", y explicó que el objetivo del mismo es dar a conocer las cosas que se están haciendo en el panorama literario español, por lo que han apostado tanto por escritores ya consagrados como por autores que están en sus inicios.

Así, entre los ponentes del curso se encuentran Marta Rivera, José Angel Mañas, Isaac Rosa, Andrés Barba o Javier Montes, mientras que el encargado de cerrarlo es Jorge Herralde, director de Anagrama.


Editores


EL REPUERTERO, 28 de junio de 2008



Editores: Manos de tijera

El editor no es un Bin Laden literario que quiere troncharlo como escritor. Más bien es el que nos ayuda a que nuestro trabajo sea bien evaluado y no pasemos vergüenza de lo mal que escribimos.

Boris González

Era las 01:30 de la madrugada y por fin lograba poner el punto final a la revisión de la obra que presentaría para la convocatoria que realizó Grupo Nelson, a su Primer concurso de novela de ficción.

El resultado: una obra de 256 páginas, de una historia, según yo, buenísima. Es que alguien por ahí me enseñó que debemos amar todo lo que literariamente parimos. Cansado por el trabajo, empipado de tanto café para espantar el sueño, cavilé en lo que pensaría el editor al leerla.

Tal vez, ojeará las primeras páginas y la tirará al tacho de la basura. Porque cuando uno es aprendiz, muchos manuscritos pasarán por ese lugar antes de escribir algo que sea publicado y vea la luz del sol desde una vitrina, ya como libro, esperando ser comprado. Pero, eso lo decide un señor o señora llamado editor, que es algo así como el cedazo de las editoriales. Su escudero.

El que tiene la labor de evaluar, corregir y decidir si el trabajo se va al tacho de elementos eliminados o con alguna manita de gato logra perfilar un buen material. Para muchos, es el malo del rubro, el que troncha los sueños de los novatos escritores, pero no es así. Un día los odié hoy los defiendo.

Hace poco leía un reportaje que le hizo un diario a la destacada autora chilena Isabel Allende, y ella recordaba las múltiples ocasiones que fue rechazada por los editores porque no encontraban merito en su trabajo. Es que ser escritor es un camino largo, largo, que muchos de nosotros, incluyéndome, nos cansamos de recorrer y cuando hemos terminado algún trabajo, viene este señor llamado editor y con sus manos de tijeras comienza a recortar, podar, eliminar el trabajo que con tanto cariño hemos realizado y créame, eso duele.

Mi amigo Eugenio Orellana, que tiene una larga trayectoria como editor y traductor para varias editoriales en EE.UU, aún recuerda y sé que comparte en sus seminarios en ALEC (Asociación Latinoamericana de Escritores Cristianos) una anécdota que me sucedió cuando por primera vez pasé por el trauma de una edición de un artículo por un profesional. Según yo, lo que había escrito era lo mejor después de la rueda. Cuando me publicó el artículo corregido ¡no lo podía creer! Lo llamé a Miami, Florida y le dije: "Esto no fue lo que yo escribí". "Lo tuyo no servía", me dijo.

Y comenzó a mencionarme los errores. En el momento dolió porque era más ignorante que ahora, con el tiempo no solo agradecí la corrección sino que la esperaba con impaciencia cada vez que escribía algo. Hoy nos reímos de esa anécdota y cada vez que hablamos me la recuerda.

El editor no es un Bin Laden literario que quiere troncharlo como escritor. Más bien es el que nos ayuda a que nuestro trabajo sea bien evaluado y no pasemos vergüenza de lo mal que escribimos. Acepte con humildad sus opiniones, sugerencias y recortes. Ellos saben más que usted y yo, porque ese es su territorio, su campo. Hágale caso. Lo único que le va a doler es el orgullo.

Cuando terminé de corregir mi manuscrito y pensé en lo que opinaría quien la evaluara, cavilé que sin importar lo que él decida u opine de mi trabajo, no me quitará lo bien que lo pasé escribiendo, el placer que tuve de crear una historia, un personaje. Lo divertido que es inventar.

Sentir que en nuestras manos está el poder de matar personajes, hacer cándido a uno y malo a otro. Divertir, intrigar y emocionar al lector. Engañarlo y hacerle creer que tendrá cierto desenlace y que en realidad terminará de una manera inesperada. Todo esto no tiene precio. Porque uno escribe antes que todo, no para convencer al editor, sino uno escribe para divertirse.


CHUS VISOR


EL PAÍS, 27 de junio de 2008



CHUS VISOR

"Todos los poetas se creen el ombligo del mundo"


JESÚS RUIZ MANTILLA


Más que comer, Chus Visor degusta y picotea. De aquí y de allá. Despacio. Sin atiborrarse. Cualquiera, compartiendo mesa con él en el mítico Belarmino, puede pensar que este editor solitario y heroico, uno de los escasos seres en el planeta que pueden presumir de vivir de la poesía -"claro que se puede ganar dinero con ello", dice-, basa su alimentación en la misma metodología que su trabajo: la búsqueda de lo exquisito.

Exquisitos son los salmonetes y la ensaladilla con los que abre boca. Como exquisitos son los libros que va a editar este año en una colección especial: Palabra de Honor. La que conmemorará 40 años de una firma referente mundial para la poesía hispana.

Ha levantado él solo su negocio, a base de la pasión que le metió en la cabeza un cura. Quién lo iba a decir cuando se trata de un republicano casi insurrecto, "y eso que a mi padre se le había metido en la cabeza que yo tenía que ser obispo", comenta. "Fue un cura que nos hacía aprendernos de memoria poemas de Lorca, de Leopoldo Panero y de Góngora", comenta.

Luego, con el oído hecho a la vida en verso, Chus empezó a frecuentar recitales y tugurios de poetas. Pronto se dio cuenta de que en la España de finales de los sesenta, la que empezaba a ver luz al final del túnel del franquismo, urgía abrir un hueco para ese género. "Entonces sólo editaban Adonais y el Bardo, creo recordar, y mi hermano Miguel y yo vimos que podíamos sacar esos libros que queríamos leer y no existían".

El primer título fue toda una declaración de intenciones: "Una temporada en el infierno, de Rimbaud, con traducción de Gabriel Celaya", recuerda Chus. Y así hasta los 675 que lleva hoy por no entrar en su biblioteca particular, con cerca de 30.000 volúmenes, digna del puro bibliófilo que es.

En su catálogo ha reunido más de 400 autores entre los que sobresalen los hispanoamericanos, pero también voces de otras lenguas y algo de lo que se siente orgulloso: "Haber sido responsable de herejías como la de abrir la editorial a la obra de cantantes como Bob Dylan, Leonard Cohen o Joaquín Sabina, nuestro superventas, del que bien orgulloso me siento", afirma.

Así, echando tabúes por tierra, quiere seguir: "Pienso llegar hasta 1.000", sentencia, al tiempo que hinca el diente en un excelso guiso de liebre con setas. El optimismo le ha podido siempre. Si no hubiese sido imposible haber llegado tan lejos desde el despacho de su librería, editando a puro capricho, "siempre lo que me ha dado la gana", dice, con pocas certezas y sin expertos en mercadotecnia: "De un libro sabes si va a vender mucho o poco".

Dice que es un gran momento. "En España se lee más poesía que nunca", asegura. Algo que no le extraña en un país dado al verso, "el que más de Europa, aunque no lo parezca", comenta, y donde se prefiere leer a los poetas vivos que a los muertos: "Somos así de gilipollas". Él los conoce bien, los trata intensamente y los divide en dos clases que al final convergen en una. "Los hay de dos estilos, los que escriben del amor y los que indagan en la vida. Ahora, todos, al final se parecen en algo: siempre se creen el ombligo del mundo".

Pérez Reverte

EL SEMANAL, julio de 2008


Pérez Reverte lanza dardos contra los ‘cagatintas analfabetos’


El académico iconoclasta vuelve a romper aguas en Santillana del Mar asegurando que mantiene su espíritu de mercenario sin considerarse "partero intelectual de nadie"


"Soy un leal mercenario de mí mismo, de mis gustos, de mis aficiones, de mis sueños, de mi imaginación, de mis amores y de mis odios", afirmó Arturo Pérez Reverte en la última jornada del ciclo Lecciones y maestros, celebrado en Santillana de Mar, que sirvió para profundizar en la obra de Mario Vargas Llosa y en la de dos de los novelistas españoles de mayor repercusión internacional: Javier Marías y el autor de La Reina del Sur.

Ante numerosos críticos literarios, escritores y expertos, como siempre sin pelos en la lengua, Pérez Reverte arremetió contra quienes se dedican al "lado solemne de la literatura" y contra los críticos que "viven del cuento de contar ´no cómo son´, sino ´cómo deberían ser´ los libros que escriben otros". "Esos libros que ellos, naturalmente, escribirían con suma facilidad, si quisieran. Lo que pasa es que no quieren", apostilló el escritor, quien al comienzo de su trayectoria literaria fue maltratado por parte de la crítica.

En su discurso, titulado La mochila de Jim Hawkins, criticó también a aquellos que sólo consideran válida "la literatura difícil y minoritaria" y, fiel a su "costumbre de hacer amigos", lanzó dardos contra "los creadores de opinión literaria", los "parásitos iletrados" y "cagatintas analfabetos" cuya memoria "empieza ayer por la tarde. Los que no se manejan más que de Cortázar para acá".

El escritor dice que escribe lo que quiere "porque me gusta hacerlo, porque así vivo otras vidas además de las mías, porque ajusto cuentas con el pasado. Y me leen porque quieren leerme. Mi responsabilidad -aseguró- termina en el momento en que entrego el mejor texto posible a mi editor".

Cuando tiene "un problema narrativo" no le echa "la culpa al desfallecimiento creativo" ni intenta "justificarse diciendo que el público es imbécil". Acude "con humildad" a esos libros que son su "verdadera patria y memoria" y busca la solución en autores como "Stendhal, Homero, Dickens, Virgilio, Dumas, Mann, Conan Doyle, Dostoievsky, Stevenson, e incluso en gente tan maltratada como Agatha Christie y John le Carré". Y hasta en Ken Follet, si hiciera falta. Todos le sirvieron para aprender, pero le debe "más a Homero que a Joyce, a Dumas o a Balzac que a Faulkner; a Quevedo, Cervantes, Clarín o Dostoievski que a Cortázar o a Ferlosio".

Al autor de La tabla de Flandes o La carta esférica le importa "un rábano" el futuro de la novela, porque hay ya "suficientes buenas novelas" como para "leer y releer" el resto de su vida, y tampoco le importa "la crisis" actual o "el auge de la narrativa". Pérez Reverte dice desconocer las razones de su éxito e insiste en que no es más que "un novelista accidental" que disfruta, y mucho, con lo que hace.

Vargas Llosa

LA VANGUARDIA, julio de 2008

Vargas Llosa: "La literatura ayuda a vivir, es una expresión de la libertad"

Santillana del Mar. (Cantabria). (EFE).- Mario Vargas Llosa sabe que aquella idea de los años sesenta de que la literatura podía cambiar la realidad ya no está de moda, pero él cree que el escritor "no puede rehuir una responsabilidad, sea moral, social o política, que trasciende lo puramente estético", porque "la literatura ayuda a vivir".

"La literatura es una expresión maravillosa de la libertad humana. En las grandes novelas descubrimos todo aquello que quisimos ser y que inventamos para vivirlo de mentira; por eso, la literatura es la gran acusación, la gran requisitoria; y es una demostración permanente de esa actitud crítica que ha sido el motor del progreso y de la civilización".

Con estas palabras resumía su concepción de la literatura el escritor peruano en la primera jornada del ciclo 'Lecciones y maestros', dedicada a analizar la obra del autor de 'La ciudad y los perros', en las siguientes hablarán Javier Marías y Arturo Pérez-Reverte.

En estos encuentros, que el año pasado protagonizaron Carlos Fuentes, Juan Goytisolo y José Saramago, se espera que cada escritor dé una lección magistral y Vargas Llosa la ha dado hoy. Por algo es uno de los grandes novelistas de la lengua española y por algo su nombre suena cada año cuando se acerca el Premio Nobel de Literatura.

Dada la importancia de estas citas literarias, organizadas por la Fundación Santillana y por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, a su inauguración han asistido el presidente del Gobierno de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, y la vicepresidenta del mismo, Lola Gorostiaga, entre otras autoridades.

Flaubert, uno de los escritores que más ha influido en Vargas Llosa, le enseñó que "la literatura es una manera de vivir", y para él ha sido así. Desde hace años, cada proyecto que emprende va "poco a poco" ocupando todo su tiempo, "invadiendo y colonizando" su vida.

Juan Benet creía que Vargas Llosa "se mimetizaba" con los personajes de sus novelas y "se disfrazaba" de algunos de ellos, y el escritor peruano reconocía hoy que, al final, "algo de eso ha pasado". Cuando escribe, se siente "como exiliado del mundo real", porque está "mucho más cerca del mundo ficticio".

"Llego a esos extremos de camuflar mi propia vida para inventarla mejor", aseguraba hoy Vargas Llosa, cuya ambición ha sido siempre la de "contar una historia bien contada", una historia que el lector no tenga la impresión de leer, sino de vivirla.

Tras ser presentado por el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, quien subrayó "la entrega total" con que Vargas Llosa responde a su "ambiciosa" concepción de la novela, el escritor peruano centró su intervención en "el descubrimiento de la importancia de la técnica en la literatura".

Frente a la literatura costumbrista y regionalista que se practicaba en los cincuenta en Perú, para Vargas Llosa, en sus primeros tiempos como escritor, fue decisivo comprender el papel "capital del narrador"y también el que juega "el tiempo".

La lectura de Faulkner, en los 50, fue "fundamental" para él, pero fue Flaubert el que mejor le instruyó sobre el tipo de literatura que él buscaba. "Leer 'Madame Bovary' me cambió la vida como escritor", decía hoy Vargas Llosa, que siempre ha admirado la "terquedad y perseverancia" del autor francés para conseguir obras maestras, aunque en sus comienzos no fuera "un genio".

Hubo un tiempo en que Vargas Losa creía que "la literatura era fundamentalmente forma", pero luego puso "en entredicho" esa concepción hasta concluir que no todas las historias son iguales.

"Ahora creo que hay temas que tienen de por sí una fuerza persuasiva, que la forma puede enriquecer o empobrecer, pero no recrear de la nada", afirmaba.

Galardonado con un sinfín de premios, entre ellos el Cervantes y el Príncipe de Asturias de las Letras, Vargas Llosa opina que "es respetable considerar que la literatura es diversión", pero se resiste a pensar que sea sólo eso.
La buena literatura, "las obras maestras", influyen en la conciencia del lector y en su forma de actuar. Y esa "responsabilidad" no la debe rehuir el escritor, aseguró.


Ruiz Zafón


SUR, 15 de junio de 2008

El amo del corral

JUAN BONILLA

Es muy cierto que no debe juzgarse a un escritor por sus declaraciones, pero también lo es que sí pueden juzgarse las declaraciones de un escritor por sí mismas, sin que lo que juzguemos tenga que ver por fuerza con lo que nos parezca el escritor. Hace un par de semanas, el 'best-seller' Ruiz Zafón concedió una entrevista en la que despachaba lo que él llamaba el mundillo literario -aunque en él no parece que entraran agentes, editores y distribuidores, sino sólo los novelistas- con palabras despectivas: no había nada ahí que pudiera interesarle.

Hace bien si es de veras así, no es el primero que canta a los cuatro vientos su desdén por el mundillo, si no fuera porque enseguida venía un desdén olímpico hacia los propios novelistas -pertenecieran o no a ese mundillo-. La frase es de las que quieren hacer época. Dijo: hoy ya no queda casi nadie con ambición y talento, es decir, nadie que sepa escribir, dedicándose a la literatura, están todos haciendo guiones para series de televisión. Por supuesto el «casi nadie» debe querer decir que el único que queda haciendo literatura, como un fin de raza, es él mismo. Y en cuanto a que los escritores de talento están hoy haciendo guiones para series de televisión, uno estaría absolutamente de acuerdo con él si se limitara a comparar 'Los Soprano', obra maestra de la televisión, con las propias novelas de Zafón. Claro que si lo que comparamos es la serie 'Aída' (seis millones de telespectadores todos los domingos) con las novelas de Ignacio Martínez de Pisón, entonces resulta que no, que el talento cae del lado de la literatura.

Es lo que tienen las frases olímpicas: es fácil que se vuelvan contra el que las lanza. Lo peor de todas maneras de la entrevista no eran esas declaraciones que sólo unos alumnos de taller literario en su primer día -ya en el segundo ni siquiera ellos- podrían considerar lectivas (como cuando dice que los personajes deben ser descritos mediante sus palabras y acciones, y no mediante largas parrafadas que son rollos patateros, a lo cual sólo se puede responder: dependerá de quién es el que larga el rollo patatero, y dependerá de quién describa con diálogos a los personajes).

Vizcaíno Casas hacía hablar mucho a sus personajes, y no creo que sea mejor novelista que Nabokov, que los hacía hablar mucho menos, pero bueno, yo tengo unos gustos muy raros. Lo peor era la singular amargura que destilaba: la de alguien que no puede conformarse con ser lo que es, un gran triunfador, sino que además quiere la admiración permanente de todos, al que seguramente, a pesar de lo muy por encima que dice estar de todo, le molestan las críticas negativas como nos molestan a los que no pasamos de 3.000 ejemplares.

Y para que nadie se quede sin su mandoble, también los libreros pequeños reciben en las declaraciones de Zafón: dice que es natural que desaparezcan, sobre todo esos pequeños libreros snobs (aquí no añade su definición de snob, que debe ser: aquel que no coloca mi libro en su escaparate). Con esos libreros es especialmente mezquina la actitud del que la tiene más larga (la cola de gente para que les firme sus ejemplares, quiero decir), y parece mentira que conociendo los Estados Unidos tan bien como dice que los conoce y tomando su modelo como ejemplo, no se dé cuenta de que ese modelo potencia también a los libreros pequeños que sepan especializarse, encontrar su clientela allí donde las grandes superficies no podrán satisfacer la demanda de sus clientes porque ninguna gran superficie va a encargarse de encontrar para ti un ejemplar de un libro que salió hace dos años y del que quedan un montón de cajas apiladas en un gran almacén de dios sabe dónde. Es ese librero el que hace la heroicidad de que los fondos no estén muertos del todo, y el que permite que hayan brotado con tanto entusiasmo decenas de editoriales pequeñas.

Es verdad que Ruiz Zafón -y su éxito- coloca a cualquiera que se preste a hablar sobre él en una situación delicada: si meramente dices que no te va lo que escribe ni cómo lo escribe, enseguida te saltarán a la yugular con el cuento de que sólo la envidia mueve tu opinión. De alguna manera, ese éxito, en nuestros días, patrocina la propia impotencia de la crítica para hacerle frente o ponerlo en su sitio. Es casi una patente de corso que consigue que el periodista que le hace la entrevista se tome en serio, como si lo pronunciado fuera una profunda revelación de maestro zen, esta perla: si a cualquiera de nosotros nos hubieran pasado cosas distintas a las que nos han pasado, seríamos personas distintas. Pues sí, claro. Eso es verdad. De hecho, Ortega dijo aquel eslogan fantástico de «yo soy yo y mis circunstancias».

No sé si hace falta, pero por si las moscas: juro que no mueven estas líneas ninguna envidia. Creo que un éxito de esas dimensiones no puede ser bueno para la salud de nadie. Pero aún si estuvieran dictadas por la envidia, ¿acaso no es la envidia uno de los fascinantes motores no sólo de la opinión, sino también de la propia creación? Por envidia a Nabokov, Borges, John Cheever o Hemingway, quiso uno de adolescente ser escritor, sin saber, por supuesto, que cuando se hiciera grande se enteraría de que los escritores de verdad, los que tienen ambición y talento, los que saben de veras escribir, en palabras de Ruiz Zafón, sólo podrían encontrarse en dos lugares: en los guiones de las series de televisión y en, supongo, las propias novelas de Ruiz Zafón.


Dave Eggers


LA CRÓNICA, julio de 2008


Este escritor es un visionario


Iker Seisdedos


Es uno de los mejores autores de su generación. Un editor influyente y un filántropo cuya fundación ayuda a un millar de niños. Pasamos un día en San Francisco, en el ojo del huracán literario de Dave Eggers. Un hombre y su imperio de ideas ingeniosas.

Es un miércoles cualquiera, soleado y ventoso, en la calle Valencia, de San Francisco. Otro día más en el seno de la revolución literaria de Dave Eggers (Chicago, 1970), filántropo, infatigable aglutinador de voluntades y muy probablemente el escritor estadounidense más relevante de su generación. No son sólo sus novelas (Mondadori acaba de publicar Qué es el qué, la tercera). Es la decena de proyectos sociales que abandera repartidos por todo el país. Son sus incomparables revistas. Es, en suma, el imperio de ideas ingeniosas que Eggers controla desde un anónimo edificio, indistinguible entre las taquerías y los negocios latinos de esta arteria del barrio mexicano de The Mission.

Si en la planta baja un puñado de treintañeros edita primorosamente las revistas The Believer y McSweeney's, acaso las mejores entre las consagradas a la nueva narrativa inglesa, en el sótano varios adolescentes llegados de la parte baja de la rueda de la fortuna ultiman la edición de 2008 de The best american nonrequired reading, que es precisamente eso: las mejores lecturas escogidas entre aquellas que no figuran en sus planes de estudios. La cosa funciona así: una decena de muchachos con problemas de la bahía de San Francisco se reúnen cada semana convocados por el escritor Dave Eggers; leen, comparten y puntúan textos procedentes de más de 200 revistas editadas en EE UU, y el veredicto de tan inusual jurado se publica en una antología anual en tapa blanda que resulta cualquier cosa menos predecible. Mientras tanto, al otro lado de la calle, en el número 826 Valencia (la dirección postal que da nombre a su fundación benéfica), 75 chavales de entre 8 y 16 años reciben clases extraescolares y consejos de escritura creativa en la trastienda de un establecimiento que para sostenerse vende a los turistas 'suministros piratas'. Botellas para mandar mensajes de náufrago, barriles de pólvora y parches, además de libros, revistas y el resto de la ingente producción editorial de la casa.

Todo lo cual descansa sobre la espalda, torcida por la escoliosis de años de escribir en ordenador portátil recostado en un sofá, de Eggers, ex niño prodigio de la literatura estadounidense y, desde hace 10 años, editor de la revista McSweeney's, trimestral y desafiantemente original. Con una tirada de unos 20.000 ejemplares, es una revista literaria que combina nombres como los de Joyce Carol Oates, William T. Vollman, Zadie Smith o el propio Eggers con la prosa de cualquier debutante con algo que contar y la dirección correcta a la que enviar los textos. Cualquier parecido con una gaceta sobre narrativa al uso acaba ahí. Cada número es radicalmente distinto al anterior en McSweeney's, bautizada así en honor a un tal Timothy McSweeney, loco inofensivo que, según recuerda Eggers, 'mandaba cartas' a su madre, Adelaida, en las que se presentaba como 'un familiar perdido presto a reunirse con ella'. Ahí está el número 17, que adquirió el aspecto de la correspondencia (folletos publicitarios y facturas incluidas) de una supuesta Maria Vasquez. O aquel tercero, descatalogado, para el que David Foster Wallace escribió un relato en el lomo.

"Nos tomamos nuestros contenidos muy en serio, pero no a nosotros mismos. Tampoco el concepto de revista literaria. No compartimos que deba ser árida y encopetada en su presentación", explica Eggers con el murmullo del atormentado por la migraña mientras juega con una mancha de sus vaqueros. El caos que le rodea -papeles tirados por el suelo, botellas vacías de bebidas energéticas y paquetes de UPS sin abrir- forma un conjunto que cualquier madre definiría como 'una leonera' y, sin embargo, el pelirrojo Eggers considera 'una oficina', pese a no haber rastro de silla, mesa o perchero.

Desde aquí pilota la nave con la ayuda de una plantilla de 'siete u ocho' trabajadores y una quincena de becarios que, sin cobrar, corrigen textos y comprueban datos encorvados sobre sus portátiles blancos. Se pasan libros de Roberto Bolaño, hacen chistes rematadamente inteligentes y se ruborizan cuando se ven pillados en un renuncio intelectual. Todos saben que los tipos sentados al fondo de la redacción -Jordan Bass, editor jefe de McSweeney's, y Eli Horowitz, mano derecha de Eggers y responsable de la editorial- fueron becarios antes de darse a la gran vida de la posmodernidad literaria. Así que, con suerte, acabarán como ellos, ideando rompedores conceptos, bromeando por teléfono con los mejores ilustradores del país y decidiendo si el escritor Donald Barthelme está listo o no para una reivindicación en las páginas de alto gramaje de la revista.