martes, 19 de abril de 2022

RITUALES DE IDENTIDAD en palabras de Manuel Cortijo


"RITUALES DE IDENTIDAD", es un poemario de madurez, en su máxima dimensión. Cierto es, coincido con Arturo Tendero, que el poeta evoluciona, persigues nuevos ahondamientos y plenitudes. En tu entrega anterior, "La voz en la Memoria", editado en 2009, ya se concretaba el excelente poeta que transita contigo. En el que nos ocupa, vemos a un poeta desarrollando una personalidad propia de quienes saben por dónde caminan en esto que se llevan entre manos. El libro está perfectamente estructurado, y todo él es una apuesta por la emotividad poética. Muy por encima (este trabajo no es una crítica) conviene penetrar en las secciones que vertebran esta entrega unitaria. Así, ya vemos en el poema "Estrategia" como el poeta persigue la luz de las palabras, por si el poema está, como vemos en el poema inesperado "donde antes había hojarasca". Pero la clave de esa búsqueda insistente de la luz la tiene el poema "Gedichtè, tan brillante como breve. Llegados a este punto, habría que decir que salvas con matrícula el experimento dificilísimo de la brevedad. Enhorabuena por lo conseguido. Páginas adentro, vamos hacia el encuentro de otras tendencias (como la amorosa) que van sublimando y haciendo más mollar el poemario, quizá porque cuando el amor florece "Se hace hermosa la vida". Y todo se hace hermoso si se mira, si se accede a la luz del que está viendo lo sentido, porque "Bajo el céfiro/ de esta reseca piel/ se esconde/ un corazón en ascuas por tu cuerpo".A una determinada altura de la edad, el tiempo vivido nos enseña "a sobrevivir/ entre la luz de los escombros". El hombre ha tomado conciencia de su temporalidad, y se entrega a la acción de la memoria de la vida que fue, porque sabe que es el tiempo quien nos lleva o nos devuelve a correr "tras las palomas/ en parques de nostalgia". A fin de cuentas, "No hay vida por detrás de los espejos", el ahora se esfuma y quizá no haya después; pero antes hay que "Buscar refugio en soledad/ ante el reino de la impotencia,/ y encontrar el aliento necesario/ en la quietud del eremita.

Todo el poemario presenta un gran impulso, una acción espontánea del quehacer de un poeta hecho, que sabe por donde conviene ir para darle a su palabra emotividad y pureza constitutiva. En definitiva, estamos ante un regalo sublime para el lector que se busca en la lectura poética un lugar especialmente conmovedor.


Manuel Cortijo


Presentación de El filo del no en Albacete



En la huella del tiempo, transparencias.
En los parques, memorias de la infancia.
Rituales del yo y esa prestancia
para hablarnos de heridas y querencias.

En el filo del no, funambulista,
Ricardo es un poeta del amor,
la belleza escondida y el dolor
trasmutado en mirada de un artista.

Cuando vio su camino no dudó
y lo siguió y lo sigue con constancia,
con fe de visionario, con rigor.

Poesía, amistad, camino o río
que navegamos juntos. La distancia
no podrá con lo nuestro, amigo mío.

Emoción a raudales. Muchas gracias amigo.

Frutos Soriano

LA VIDA RESCATADA al hilo de la presentación de Zarzal en Barcelona





En el mentidero de la discordia, la tierra de rastrojos oculta la claridad manipulando amaneceres a modo de prolongados crepúsculos. Fascinación por la muerte, devoción al presente efímero. El zarzal no enmaraña, es signo e indicio de un camino explorador. Y la inminencia del peligro sugiere la divina corresponsabilidad de convivir con la muerte. Reloj abolerado que marca sí las horas pero que también nos permite deslizarnos por el hueco de las sílabas al modo de los hilos de Cántico. Nada somos sin la luz del quinqué interior, como recuerdan cuadros y poemas de Ricardo. Nadie acude a nuestro rescate en las madrugadas inciertas cuando crece la duda ante el regreso del amanecer. Ahí está el susurro luminoso suministrando latido al Universo y es cuando la palabra viaja en dirección a la esencia y se busca y rebusca desgajándose de cenefas, en la radicalidad del ser íntimo. Todos los caminos sueñan tu sueño creador cuando miras de frente a la muerte y respetas los tiempos alejándote de la autoliquidación, viviéndote al compartir deseo-ternura y existencia en el magisterio del amor y la amistad. A orillas del Ebro, el cierzo cincela las palabras con su voluntad de matemático escultor, lejos de la ebriedad conceptual. El poder de los clanes condiciona, aturde pero nunca derrota la autoridad de lo afectivo que en vuelo de águila avistadora sobrevuela la batalla campal de las vanidades. Humana es la poética de Fernández Moyano, creíble en su vínculo solidario con la humanidad tan sofocada por tiempos de vida instantáneamente fotografiada. Tiempo interior que pide tiempo para maravillarse ante el futuro que se avista tras el zarzal.


Carlos Villarrubia


--Carlos Villarrubia: Periodista, escritor, letrista y autor multimedia.


EL ARTE DE ESPERAR (por Carlos Villarrubia)



Al hilo del poemario La voz en la memoria de R. F. Moyano

Como en el cuadro de Magritte, los dí­as crecen bajo el imperio de las luces. El latir del Universo sobrevive al aguijón continuo de la muerte. Todo renace y una vaso de verbenas puebla el jardí­n deshabitado. Ricardo Fernández Moyano, en La voz en la memoria resucita palabras, mira cara a cara a la desolación atando fuerte el hilo invisible que nunca se rompe, el de la raí­z-madre,
el de la casa-cuerpo; la callada sinfoní­a de la ternura que nos dio la vida. En la ruta de las evocaciones blancas de Cernuda -"Birds in the night"- se atreve a cruzar la puerta del misterio. Aún podemos subirnos como legendarios orates a las azoteas para cantar el "Get back" como The Beatles en la pelí­cula "Let it be". Tal vez, Harrison, en su vuelo de guitarras, encuentre algo familiar que enlace rutas en el cielo con los poemas de Ricardo. "What is life" y todas las cosas pasan sin que a menudo -como escribe el amigo Aute-"Rocemos ni un instante la belleza". Salvamos -entre mesas camillas y vuelos de navegante cibernético- el placer de la pausa, el dulce y respetuoso silabeo que deja hablar al silencio. Fernández Moyano sabe escuchar, está acostumbrado como el maestro José Bergamín a "esperar esperando", y en la estela de José Ángel Valente, a demorarse en el advenimiento de la aurora engendrada por la noche. La calma es producto de la depuración de la ansiedad. No viene de un abracadabra hechicero; hay que domar excesos verbales para que el poema ofrezca este activo reposo de la móvil quietud como nos enseña Marí­a Zambrano.

A rachas golpea el instinto de la destrucción, pasos en la niebla, damas del alba; trampillas exquisitas para rendirnos ante el peso del mundo. En la escuela del haiku, Ricardo ha crecido en la humildad de lo esencial como reclamaba César Vallejo. Sólo lo que del alma nace amanece mágicamente dispuesto a modo de poema. Sin arquitecturas previas, sin piruetas de arlequí­n. Acuden la mística, Pedro Salinas, Jorge Guillén y el tictac rí­tmico de José Hierro a dar ví­nculo conceptual al poemario. Adiós al agobio, el reloj no nos desborda. Sentamos en la mesa a lo oculto porque vivimos en la transparencia de lo invisible y no nos ahogamos en el miedo.

Más ligeros, sin más carga de recuerdos-rastrojo, de palabras heridas recibimos el mensaje de reconciliación con la vida que respiran los poemas de Ricardo. En su álbum de instantes siempre queda lugar para ver la vida pasar... y sentir y sentirse sentidos... y existir nuevamente vividos.

Al vací­o el olvido, al desván la tristeza y en el óleo una foto de quien siempre espera, la madre-raíz-Naturaleza, la tradición del amor siempre luz en lo oscuro, siempre caricia nunca derrota porque prevalece la vida.

Carlos Villarrubia, verano 2009

Presentación de Transparencias en Albacete


Antes de entrar de lleno en el asunto, quisiera hacer unas observaciones sobre lo que, a mi juicio, no debe o no debería ser la presentación de un libro. Primeramente, no debería reducirse a una mera operación comercial en la que se solicita la intervención de un escritor famoso o intelectual de reconocido prestigio para que, con su sola presencia, y en muchos casos con sus excesos laudatorios, avale y propicie la venta de un determinado producto editorial, a veces de dudosa reputación literaria.

Tampoco, incluso a pesar de que sea legítimo, debería servir de motivo o pretexto para que el presentador se embarque en especulaciones más o menos brillantes, intrínsecamente valiosas, pero cuyo interés radica en algo difícilmente conciliable con la obra que dio pie a tales aventuras. Es un deber elemental de cortesía. Por último, hay que evitar, en la medida de lo posible, todo juicio de valor, ardua tarea ésta, pues como afirma Borges de los prólogos, también la presentación de un libro puede ser una forma subsidiaria, una especie lateral de la crítica.

En un acto de estas características el único y absoluto protagonista debe ser el libro. No ocurra como en tantas inauguraciones de muestras pictóricas en las que son los cuadros, probablemente con ironía y resignación, los que contemplan la feria mundana de los supuestos espectadores. Del autor, sólo la información indispensable sobre todo si ya es bastante conocido. por lo que respecta al presentador, debe ceñirse al libro, eliminando toda veleidad y lucimiento de estrella para tender, si es que puede, a lo invisible. No voy a extenderme más sobre esta cuestión por coherencia con el segundo de los principios citados, así que paso sin más dilaciones al objeto que nos ocupa.

Ricardo Fernández Moyano, poeta albaceteño, de Minaya, aunque residente ahora en Zaragoza, había publicado anteriormente, editado por la Diputación de Albacete, Tras la huella del tiempo, un cuaderno con el suficiente número de poemas como para no considerarlo una simple plaquette; poemas la mayoría de corte amoroso, en los que podíamos leer algunos versos excelentes, por ejemplo éstos: “Pero tú no lloras / tiemblas en la tempestad de un / susurro”, o “Y ahora, / a un paso de tus ojos / contigo todo tiene nombre”. Este cuaderno era un adelanto, un borrador del libro que hoy presentamos, aunque unitario y con entidad propia. Transparencias se inicia con una cita de Ángel Guinda, que proporciona el título al libro y dice: “Desde el olvido emito señales / transparentes de ausencia, que el misterio / propaga, para poder seguir viviendo.”, y concluye con unos versos de Javier Salvago: “Todo lo que has vivido te advierte y te revela / justo que estas cruzando la invisible frontera, / donde el tiempo se vuelve de espaldas y comienza / la cuenta atrás: de un reino de previstas sorpresas”. En estas dos citas queda condensada sucintamente la situación desde la que Fernández Moyano escribe. Se trata de una situación fronteriza, y el libro transparenta las señales de un naufragio existencial, el naufragio que todos padecemos cuando pisamos el umbral de la madurez. Es el momento de la pérdida – para decirlo con la famosa expresión de Wordsworth – del "esplendor en la hierba” y del ingreso en el árido paraje del desgaste y la rutina, cuando ya el futuro se presiente como un insulso reino de previstas sorpresas. Pero el hombre que nos habla en estos poemas está lejos de amilanarse o rendirse, y mucho menos de caer en las simas de la desesperación. Dotado de una voluntad indomable de supervivencia y de un vitalismo exasperado que, a veces, linda con el irracionalismo, se mantiene a flote en medio de los fragores de la tormenta. cuenta para ello con ciertas ayudas inestimables, con tres diques alzados contra la riada devastadora del tiempo: el recuerdo de los días felices, el amor presente y la presencia luminosa de la poesía. Sabe, no obstante que los recuerdos no bastan; que sumirse en el pasado no es suficiente, ya que “morir es sólo vivir en el recuerdo”, y se entrega a una apasionada exaltación del Carpe diem. En el poema “Ahora”, el penúltimo del libro, pero que merece ser el broche final, funde eficazmente este motivo con el de su fe en la poesía y puede exclamar con versos jubilosos y un orgullo entrañable: “Sólo se vive un día, éste / que ahora lees gozosa / estos versos que hay en tus manos”.

Sorprende en este libro intimista y autobiográfico –aunque poco anecdótico, pudoroso, reticente – el escaso empleo de la primera persona, del yo, sustituido en una buena cantidad de poemas por la segunda y tercera persona del singular. Creo que obedece a un afán de objetivación y a las raíces cordiales, solidarias, de las que parte Fernández Moyano. No hay que olvidar, en este sentido, la breve poética que sirve de pórtico a estas Transparencias, donde el autor declara que el último fin de su poesía es “acompañar soledades”.

No es un poemario de imágenes brillantes, ni de gran aparato verbal. Su lenguaje tiende a la desnudez. “En el alféizar” y “Resurrección”, dos de los poemas que más me agradan del conjunto, por su tono admonitorio y la austeridad de su estilo, me recuerdan, salvando las distancias, algunos de Cavafis, como éste que empieza: “Si imposible es hacer tu vida como quieres, / por lo menos esfuérzate / cuando puedas en esto: no la envilezcas nunca / por contacto excesivo / con el mundo que agita movedizas palabras... Etcétera, etcétera.

Hay poetas de una precocidad inusitada, que parecen nacer con el oficio ya aprendido, dueños de la retórica precisa y adecuada para sus fines; otros de maduración tardía, a los que les cuesta encontrar ese punto de equilibrio entre el poeta que son y el artista indispensable que dé plena eficacia a sus proyectos; y otros, en fin, que corren el riesgo de sucumbir aplastados bajo el peso deslumbrante del artífice que llevan consigo. Nuestro autor, aun contando con poemas satisfactorios en los que el poeta y el artista se enlazan armoniosamente, pertenece sin duda al segundo de los grupos mencionados. Es, por ahora, más poeta que artista. Y esto se manifiesta en diversos aspectos del libro como por ejemplo en la inclusión de algún poema ingenuo bienintencionado, o en una peligrosa propensión al ternurismo. No importa. Ricardo es consciente de que el arte es una larga paciencia, un lento aprendizaje (años de aprendizaje fue el título que un gran poeta catalán contemporáneo puso a sus obras completas); que un poema es, con frecuencia el borrador de otro poema, como un libro es el borrador de otro libro, del Libro con mayúsculas, del libro inaccesible.

Confío en que Ricardo subsanará esos defectos en futuras entregas y le deseo que cuando alcance cotas artística irreprochables, tenga el coraje y reciba el don de comenzar de nuevo, de recuperar la mirada virgen, de seguir escribiendo con la sabiduría de la inexperiencia; que pueda decir con Ives Bonnefoy, en un verso de resonancia oriental, “la imperfección es la cima”.

José Luis Parra

 

lunes, 18 de abril de 2022

Presentación de TRANSPARENCIAS en Madrid

 


Centro Cultural ACCAI, MADRID 20 de junio de 2002

 

Buenas noches. Antes de nada quiero felicitar a Ricardo por el estupendo libro de poemas que viene hoy a presentarnos aquí a Madrid, al tiempo que agradecerle su invitación a participar en esta mesa con tan buena compañía. Tal como ya en su título anticipa (palabra que a su vez se ha extraído de la cita de Angel Guinda, con la que se inicia el libro) "Transparencias" deja bien clara la intención de su autor: abrirnos las puertas de su casa y ofrecernos acomodo en el cálido espacio de su soledad. Estamos ante un libro en la más pura tradición lírica. Nada de artilugios o experiencias vanguardistas. Ricardo escucha en soledad las enseñanzas del misterio que le rodea y, al tiempo que se interroga y responde, envía generosamente el resultado de la investigación a quienes, también desde nuestra irresistible soledad, damos por bienvenidos toda clase de saludos. "Diálogo de soledades" dice el mismo que es el fin último de su poesía.
Pero no es, en absoluto, un discurso desgarrado o malherido el suyo. Nada de lamentos artificiales o innecesarios. Todo lo contrario: Ricardo ama esta soledad que hace posible crear en cada uno de nosotros una entidad original y en continua evolución. Sólo desde ella es posible estimar en su justa medida el valor de la realidad que nos rodea y poder, con algunas posibilidades de éxito contribuir colectivamente en su mejora. Poesía vitalista, por tanto, que nos acerca a un espacio particularmente cálido, acogedor, familiar.
Poemas breves la mayoría de ellos, construidos sobre un lenguaje cotidiano, claro, directo, que no por sencillo en su decir le habrá sido fácil de elaborar, pues nada más difícil condensar la complejidad de una argumentada emoción en un caprichoso pero indispensable juego de palabras. Ricardo sabe que la expresión exacta llegará en el momento en que la memoria del sentimiento la haga brotar, y es que para decir algo con claridad, primero se ha de tener claro lo que se quiere decir. No es un secreto para Ricardo que existe una estrecha relación entre lenguaje y pensamiento, entre la belleza y la verdad de lo verbalizado y conoce, como decía mi paisano Altolaguirre a propósito de Bécquer, que la raíz de la verdadera poesía se nutre siempre de "la inteligencia amorosa de los hombres". Mucho amor se desprende de los versos de Ricardo: a la madre, a la mujer, al hijo, al lector anónimo y poeta venidero... (No a un paisaje concreto, sino a la Naturaleza con mayúsculas, como ejemplo máximo de cualquier manifestación artística: La alfombra de hojas en el otoño, el vals que organizan los árboles con la brisa de la mañana). Poesía panteísta, que requiere y exige lo mejor de cada uno de nosotros, pero que no excluye a nadie. La vitalidad de estos poemas no supone rasgo alguno de ingenuidad. Así, en uno de los poemas que dirige a su hijo dice: "Aunque la vida es dura, dale tu duro a la vida". Poemas valientes, expresados en la colectividad, entendiendo esta como una suma de lúcidas y generosas individualidades.
Vemos aparecer a lo largo del libro un ramillete de populares simbolismos: naufragios, partidas de ajedrez, relojes, licores embriagadores... Pero, sobre todo, ESPEJOS. Son muchísimos los versos en los que esta imagen clásica de la porfía entre el deseo y la más cruda realidad salta a los ojos del lector. Espejos que a veces son crueles por su descaro, pero a los que el poeta siempre estará agradecido, como símbolos del más íntimo amigo, del más fiel cronista de ese complejo objeto que le presentamos cuando nos situamos frente a él. La vida en su conjunto es el material con el que trabaja Ricardo. Vida que, evidentemente, incluye a la muerte, y la supera a través de esta sorprendente manifestación humana que es la palabra y que persiste la vida de lo nombrado de quienes en el futuro tengan acceso a ella. Nada más vivo que la vida de la memoria, y así lo hace saber en el poema que dedica a los enfermos de Alzehimer. "Aunque mueras no dejarás de vivir".
Paradoja esta de la vida de la muerte y viceversa, a la que Ricardo gusta de acudir (un rasgo de entre los muchos que comparte con nuestro amigo y muy citado en el libro Ángel Guinda). Y entiendo que también debe estar orgulloso de sus afinidades con el murciano Sánchez Rosillo y con ciertas posiciones del sevillano Salvago (más complejo y barroco que los anteriores como buen andaluz). Poetas todos ellos de enorme honestidad y originalidad a la hora de sanear por escrito sus emociones y que no casualmente han despertado la atención de Ricardo. Para terminar (porque no es éste el momento de extenderme en las muchas cualidades que encierran estos poemas ya que van a ser leídos a continuación) sólo agradecer en nombre de todos los verdaderos aficionados a la poesía la generosidad y valentía de Ricardo en versos tan rotundos como estos: "Vivir es morir un poco cada día" pero, "nacer, morir poco importa" porque "Sólo vivir es importante".

Muchas gracias.

Agustín Porras


Presentación de TRANSPARENCIAS en Zaragoza

 

     BIBLIOTECA DE ARAGÓN, 15-4-2002


    Hoy nos encontramos en esta Biblioteca, lugar de lectura y centro de cultura para celebrar y festejar el nacimiento de un nuevo libro salido de la pluma y el corazón de RICARDO FERNÁNDEZ MOYANO, a quien muchos de vosotros conocéis como persona y como poeta.

    Ricardo Fernández Moyano es oriundo de Minaya (Albacete) pero lleva bastantes años residiendo en Zaragoza. Es profesor de E.G.B. en la especialidad de Ciencias Humanas y trabaja en nuestra ciudad como educador en un Centro especializado de Minusválidos Psíquicos.
    El libro que hoy nos ofrece Ricardo es el segundo que edita y lo hace con Juan Pastor en la colección de poesía “DEVENIR”, con el título de Transparencias. Este libro fue precedido de “TRAS LA HUELLA DEL TIEMPO” editado por la Diputación de Albacete en 1996 en su colección “ARKANOS” cuadernos de poesía.
    Está en posesión de varios premios de poesía en su tierra de Albacete, en 1980 y 1985. Quedó finalista del “Premio Nacional de Poesía Ateneo de Albacete” en 1985 y 1986, del Premio Universidad de Zaragoza” en 1993, también del premio “Hermanos Argensola” del Excmo. Ayuntamiento de Barbastro, en 1994.
    Junto a otros nueve poetas obtuvo el 1º premio en la 1ª Muestra de Poesía de la Asociación de Vecinos del Picarral en 1.996, ya popular en nuestra ciudad. Conocí a Ricardo con motivo de la presentación de mi último libro.
    Venía acompañado de una buenísima amiga común. Al finalizar el acto se acercó a saludarme y me traía un ejemplar de su primer libro “Tras la Huella del Tiempo”.
    En aquellos momentos de emoción y de saludar a unos y a otros, la verdad es que le agradecí sobremanera el detalle de hacerme partícipe de su creatividad, pero si alguien a la media hora me hubiese preguntado por su aspecto, no lo hubiese sabido describir, pero allí estaba su libro y a los pocos días cuando ya había pasado el momento y las emociones, encima de mi mesa de trabajo resaltaba, como llamándome, el título del libro de Ricardo. Por supuesto lo leí con toda mi atención. Lo llamé para cambiar impresiones con él y a partir de entonces hubo una comunicación que de no ser por sus escritos nunca hubiésemos cultivado y profundizado.
    Por supuesto cuando se puso en contacto conmigo para pedirme que le presentase el libro, no podía ni quería negarme a hacerlo y aquí estamos para intentar desentrañar en lo posible los versos de Ricardo y gozar con su comunicación hacia nosotros por medio de ellos.
    Es un libro de poemas en el que se recogen 44 de ellos, de diversos temas entre los que no pueden faltar los poemas de amor.
    Para mí el título que Ricardo le ha puesto a su libro es revelador de su escritura: TRANSPARENCIAS, ya que la poesía de Ricardo es intensa pero sencilla, transparente para el lector, poesía en la que se puede ver reflejado todo aquél que los lea con interés y queriéndose adentrar en ella.
    Que sea sencilla y transparente no quiere decir que carezca de un gran contenido poético, de un gran lirismo y un profundo sentimiento que nos trasmite.
    Los poemas de “TRANSPARENCIAS” están escritos en verso libre están impregnados de musicalidad interna y de sonoridad, con versos de una belleza extraordinaria: El suave susurro de las hojas/ Suena a música de Mozart o Vivaldi/ La alegre sinfonía de las rosas.
    En los poemas de amor de Ricardo, en momentos, roza suavemente el sensualismo, es poesía íntima e incluso espiritual que siempre nos sugiere: Acariciaste mi alma de fuego/con suaves dedos de espuma. /El silencio se hizo eterno/ y la noche ocultó su sonrisa/ mientras en el labio ardiente/ morían deseos inconfesables y lejanos/.
    Hay otros poemas de Ricardo que son al mismo tiempo que bellos y líricos, producto de la reflexión e interiorización, donde el lenguaje se convierte en arte, reduciéndonos y quemándonos con un fuego singular, donde la vida y la muerte y sobre todo, el tiempo son tres ideas que pululan en alguno de sus versos continuamente: /Sólo vivir es importante/ (Vivir). Escucha pasar el tiempo/ Todo me hablaba de ti/ haciendo más dura tu ausencia/ (París 1988). El aroma del recuerdo envolvía el aire/. Que ya no entiendo mi vida ni mi muerte/ sin la cálida sed de tus labios/ (Vida). Nos llamó un día la vida/ (Agonía). Vivir es morir un poco cada día/ (Vivir es morir). El tiempo cruza inexorable/ (El tiempo). Aunque mueras no dejarás de vivir/ (Resurrección).
    El libro de Ricardo también tiene imágenes muy bellas: Deambular de las horas/ (Sueño de luna) pero no las prodiga.
    En muchos de los poemas de Ricardo nos quiere transmitir sobre todo la esperanza. Nos dirá que la vida es dura, y nos trasmitirá emocionalmente sus pasiones, dudas, ansiedades, sorpresas, decepciones, pero al final nos trasmitirá también esperanza. Aunque hay días que parecen noches/ no desesperes/ todas las rosas florecen en primavera (Esperanza). Abrir los ojos a la esperanza/ (Declaración de intenciones). Los labios dibujan en el cristal una mueca/ que ya no es tristeza/ (Adagio intemporal). Descubrir la poesía es uno de los grandes regalos que la vida hace a los poetas y a los lectores.

    Georgio Barbieri dice: “La poesía es capaz de ver desde un punto mínimo, la entera verdad del Universo, pero también ser, al mismo tiempo, contemplación y manifestación de toda la fatiga de la palabra y la vida”.
    El amor por la literatura, el crecimiento y enriquecimiento, ético y estético es lo que se aprecia en la lectura de los poemas de Ricardo.
    Quiero felicitar muy sinceramente a Ricardo por la publicación de este libro y espero que tenga muy buena acogida entre el público y que sea la continuación de muchos logros y termino con una de las estrofas de un poema suyo y que hago mío para desearle y decirle:

    Disfruta intensamente el calor
    de este instante irrepetible,
    pues nunca más, como hoy,
    lo volverás a vivir.

    Carmen Serna